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Columna Desde la mano izquierda: Remedios para cuidadores

Maestro, usted que ayuda a todos  ¿por qué tiene el cuerpo lleno de cicatrices? -Porque los que sufren, muerden.     ¿Ha leído eso de que en un futuro seremos reemplazados por robots? Yo tuve oportunidad de escuchar esta advertencia

Maestro, usted que ayuda a todos

 ¿por qué tiene el cuerpo lleno de cicatrices?

-Porque los que sufren, muerden.

 

 

¿Ha leído eso de que en un futuro seremos reemplazados por robots? Yo tuve oportunidad de escuchar esta advertencia hace unos meses, en una charla sobre la educación y los requerimientos del trabajo en las décadas venideras, lo que significa que será el temor de las generaciones más jóvenes, porque a la mía eso le parece sacado de una película de ciencia ficción. Ya imaginaba una maquina haciendo mi labor por ejemplo, trabajando con la violencia y con sus víctimas, riéndome un poco, pensando: “al menos a los androides no les daría burnout”

 

Porque mire, el burnout es una cosa de seres humanos que cuidan de otros y aunque en la actualidad es tratado como un síndrome que puede padecerse en cualquier profesión, comenzó a estudiarse en los años 70 para describir a un conjunto de síntomas que presentaban personas dedicadas a la salud. Así que sí usted es médico, bombera, policía, psicóloga, trabajador social, enfermero, esto es sí le toca estar como responsable de otro ser humano en su vulnerabilidad, cuidar de su vida, de su salud, de su integridad, atravesar con esa persona una crisis, ayudarle a decidir o a enfocarse, muy probablemente tendrá este asunto del burnout en algún momento.

 

El burnout por encontrarle lo castellano es estar harto, reventado, agobiado, abrumado, exhausto, jodido, es sentir cansancio, agotamiento, dolores de cabeza, cuello, espalda, o presentar problemas de salud como gastritis, ulcera, parasomnias, depresión, irritabilidad, sentimientos de culpa o rabia. Aunque en su estado más delicado conlleva a un importante deterioro cognitivo e inclusive osteomuscular además de hacernos más proclives al consumo de alcohol y otras substancias.

 

Y es que no se trata solamente de la cantidad de horas que se trabajan sino de las consecuencias en la propia integridad del cuidador de cara a las situaciones de emergencia, de violencia o de desesperación de la víctima con la que interactúa. Aunado a ello se trata de situaciones que no siempre pueden contarse fuera de los centros de trabajo, en parte debido a la confidencialidad de nuestras profesiones y porque aunque esa obligación no existiera tampoco es moral abrir una sobremesa contando el sufrimiento de otras personas.

 

No obstante desde el momento en que decidimos nuestra profesión hasta el día de hoy, habrá quien se haya rendido y con rendirse quiero decir derrotar al ego propio y aceptar que por ejemplo para el tema de la violencia, el “monstruo” nos sobrevivirá, pero para entonces le habremos vencido en más de una ocasión. Así en todas estas vocaciones quedará un avance, un nuevo descubrimiento para sanar a las personas, un modo de protegerlas mejor, una buena práctica que vendrá a ser recobrada por alguien, pero definitivamente no nos va a dar la vida para sanar todas las dolorosas circunstancias de la condición humana.

 

Porque el otro punto es este: Las y los cuidadores saben proteger a otros, saben escuchar, medicar, combaten el fuego, limpian heridas y salvan vidas, pero casi nunca se tienen consideración a sí mismos.

 

Ellos y ellas se estrellan contra el dolor ajeno aun sabiendo que no siempre pueden con él, pero en su mundo todo urge y el primer hábito mal aprendido es dejar a un lado la vulnerabilidad personal por el trabajo. En esta reflexión están aquellos que ponen a un lado sus problemas de salud, los que postergan sus duelos, los que nunca se dan tiempo para su familia, para hacer deporte o para convivir con sus amistades y aunque desde luego no ayuda en nada esta moderna “cultura laboral” que compele a horarios extenuantes; la primera dignidad ha de partir del reconocimiento de que uno o una por mucho que sea cuidador y protector, también necesita de ayuda y que no puede ni debe negarse de estos hábitos saludables, curiosamente los mejores remedios para tratar el burnout.

 

Porque en la medida en que las y los cuidadores vean por sí mismos estarán en condiciones de hacer mejor su trabajo, de perfeccionar la calidad de su atención, de resolver los problemas de manera eficaz e inclusive de darse cuenta de cuando ha llegado el momento de hacer una pausa o un cierre definitivo. Se trata aquí de ir equilibrando la vocación con la vida y debe de ser posible. A más ver.

 

Por: Claudia Almaguer

Twitter: @Almagzur

 

 

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