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Columna Desde la mano izquierda: Por una educación libre de violencias

Seguramente habrá escuchado en apenas estos dos meses que llevamos del 2017 (y que han parecido una eternidad) que en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí se han denunciado casos de hostigamiento sexual en

Seguramente habrá escuchado en apenas estos dos meses que llevamos del 2017 (y que han parecido una eternidad) que en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí se han denunciado casos de hostigamiento sexual en perjuicio de las alumnas. Para esta semana algunas voces han señalado que sólo van 10, pero además he tenido oportunidad de leer defensas tales como que también habría situaciones en que las “jovencitas” alumnas estarían intimidando a sus maestros a cambio de buenas notas o recomendaciones.

 

Cabe advertir que para abordar este asunto, lo primero que tuve que tener claro fue el riesgo de no poder ser objetiva, como muchas otras mujeres profesionistas yo me formé en la Autónoma y ligada a ella está una parte importante de mi vida. Pero es precisamente ese amor el que me lleva a pensar que nuestra Alma Mater (Madre nutricia) merece labores más dignas que el mediocre asunto de pretender minimizar uno de los síntomas del machismo que viene padeciendo desde hace décadas.

 

Decir que las estudiantes intimidan a sus profesores, es intentar en el discurso volverlos iguales, cuando no lo son y para aclararlo la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia indica por un lado que la violencia docente se constituye por aquellas conductas que dañen la autoestima de las alumnas con actos de discriminación por su sexo, edad, condición social, académica, limitaciones y/o características infligido por maestras y maestros.

 

Y por el otro lado concretamente el hostigamiento es el ejercicio del poder, en una relación de subordinación real de la víctima frente al agresor en ese ámbito, que se expresa mediante conductas verbales o físicas relacionadas con la sexualidad de connotación lasciva.

 

De tal modo que sin tener la necesidad de entrar en otros territorios como el penal, ya desde la política pública es que tanto el ámbito como la forma específica de agresión sexual está claramente reconocida en nuestra legislación nacional como una forma más en la que las mujeres padecen de violencia, y por consiguiente bastarían los indicios mencionados para que una institución tan amplia como la universidad encontrara la oportunidad para trabajar seriamente en el problema. No en balde es la gran proveedora de innovación científica y la primera que tiene como deber abrirse a nuevas perspectivas, como la de género desde la cual claro puede verse que las mujeres no sólo tienen derecho a la educación, sino a ser respetadas, valoradas e impulsadas durante el proceso.

 

Y tampoco es que apenas pueda decirse que sí tengo 10 casos es que no hay nada, todos y todas estamos dándonos cuenta antes o después, que todas las instituciones sin excepción son de fondo patriarcal y que ahora se está visibilizando lo que antes parecía un derecho. Desde luego en el tiempo en el que por ejemplo mi generación atravesó la carrera, aquella que se plantara delante de cualquier compañero a imprecarle sus majaderías no pasaría de ser tachada mejor ella de violenta, era culpa de una por traer falda, por atravesar el corredor o por ir a meterse a los campos minados de machirulos como las ingenierías.

 

Pero sería una grave falta para con las que nos siguieron negar que desde aquel tiempo más de una de nosotras vivió hostigamientos sexuales por parte de algún “catedrático”; que en ocasiones nos tocó quedarnos allí, jóvenes, paralizadas, llenas de asco y en otras nos quejamos, armando desde entonces todo el revuelo posible con tal de que nos pusieran a un maestro y no a un cerdo.

 

Sé que estoy siendo procaz, pero me es imposible poner a la par a unos y otros, porque los primeros no sólo te otorgan sus conocimientos, también te enseñan desde su entereza a buscar ser una persona íntegra y libre, a hacer lo correcto; en tanto los segundos dan nauseas, dan lastima y nada más.

 

Afortunadamente hubo quien nos respaldara, porque también es verdad que son más las personas que aman su trabajo y que no lo utilizan para satisfacer sus patologías o para llenar el agujero negro de sus inseguridades; pero más que la respuesta fácil de decir “aquí no pasa nada” o de acabar echándole la culpa a las jóvenes de provocar el terror de sus maestros, a mí lo que me agradaría es que ese Observatorio Universitario de Equidad y Género comenzara a significarse más allá del cachito de página que tienen en la web, que sí de verdad hay voluntad de proteger los derechos humanos de las mujeres eso no parezca una monserga, un regateo, ni una oportunidad para los porros de turno, sino un acto reivindicativo ya no para nosotras pero sí para las que vengan.

 

 

 

Nota final: Se cumplen 6 años desde que fui invitada a escribir en Antena San Luis, así apareció esta columna llamada “Desde la mano izquierda” y la cortinilla de “Mujer que baila flamenco, mamá de Libertad, abogada, estudiante, zurda, feminista, lectora  y todo lo que aún no le sucede”; mi agradecimiento a usted, querido lector, lectora por leer mis palabras y a este medio por el respeto que ha tenido con las más de 300 entregas que llevamos. A más ver.

 

Claudia Almaguer

Twitter: @Almagzur

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