(Parte 3 de 3 )
El Radar
Por Jesús Aguilar
Llegamos al cierre de este Radar especial en tres partes.
No es un cierre cómodo.
Pero sí necesario.
Porque después del diagnóstico…
después de los datos…
después de escuchar a quienes lo viven…
la pregunta ya no es qué está pasando.
Es qué vamos a hacer con esto rumbo a 2027.
Este ejercicio —como lo planteó desde el inicio nuestra muy valorada interlocutora Nydia Morales— no es un documento más.
Es una hoja de ruta.
“Este diagnóstico es también una intención de orientar el camino rumbo a 2027.”
Y ahí está la clave:
No es retrospectiva.
Es advertencia.
Nydia lo plantea con una claridad que debería marcar la agenda pública:
“La igualdad en la política no es una meta futura, sino una responsabilidad presente y colectiva.”
Es decir:
No se vale postergar.
Y entonces aparecen las responsabilidades.
Los partidos
Tienen que dejar de simular.
Porque hoy —como lo deja ver el diagnóstico—:
“Las mujeres enfrentan limitaciones empezando por lo que ocurre dentro de sus partidos.”
Ahí empieza el problema.
Las instituciones
Tienen que garantizar algo más que protocolos.
Porque —como señala Nydia—:
“Hay una desigualdad territorial y centralización de los servicios para denunciar.”
Y si denunciar no es accesible…
no es efectivo.
La ciudadanía
Y aquí viene uno de los puntos más poderosos:
No somos espectadores.
“Mantener una participación activa, no reproducir violencia y exigir rendición de cuentas.”
Eso también define elecciones.
Porque la violencia política de género no solo afecta a quien la vive.
Afecta a todo el sistema.
Define quién llega.
Quién se retira.
Quién no vuelve a intentarlo.
Y entonces el riesgo rumbo a 2027 no es solo electoral.
Es cultural.
Es político.
Es democrático.
Porque si nos acostumbramos a esta violencia…
deja de escandalizar.
Y cuando deja de escandalizar…
se vuelve norma.
Esta es una llamada de atención pertinente porque seguro habrá en la boleta muchas mujeres, representando muchos espacios de pode, queriendo lograr nuevos o afianzar actuales pero ni con todo el poder, ni el dinero se podrán salvar de una condición indigna y absolutamente remediable con voluntad.
Por eso esta columna en 3 partes no cierra con una conclusión.
Cierra con una exigencia:
¿Quién va a tener esa voluntad real de desmontar este sistema…
y quién va a seguir administrándolo en silencio?