Verdad y justicia para las víctimas de feminicidio en Rioverde

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Texto y fotografía: Marcela Del Muro

“Con mi hermana yo ya no pude hacer nada, pero trato de ayudar a otras mujeres que viven violencia para que no se repita la historia otra vez” dice Andrea, la hermana menor de María Alejandra Reséndiz García, quien fue víctima de feminicidio el 17 de enero de 2021 en el municipio de Rioverde.

A Ale la asesinó un hombre de 28 años que se obsesionó con ella, pero la joven de 20 años no estaba interesada en él.

Dora, mamá de Ale, recuerda que el hombre mencionó que solo “quería darle un susto”, pero esa especie de aleccionamiento, salió mal y destruyó a una familia.

“El día que enterramos a mi hermana, nos fuimos toda la familia con ella. Ya nadie es el mismo. Yo tengo que luchar diario con la depresión, con la ansiedad y con todo el dolor, pero lo tengo que hacer porque tengo dos niñas: mi hija y la de ella”, comenta Andrea.

Dora y Andrea piden que las autoridades investiguen a profundidad qué pasó con Ale y que el asesino y sus cómplices, si los hay, paguen de forma justa por la muerte de su hija y hermana.

El próximo 10 de marzo se desarrollará la audiencia del caso de Ale, en esta ocasión se definirá el destino del proceso: si se lleva a cabo un juicio oral o uno abreviado, este último rechazado por la familia de la víctima.

El 17 y 18 de enero de 2021

Ale ya había denunciado a su agresor por acoso, pero no hubo medidas para protegerla. El 17 de enero, la joven y una amiga circulaban por las calles de Rioverde en motocicleta, cuando una camioneta las atropelló y se llevó a Ale. 

Su cuerpo fue encontrado la madrugada del 18 de enero en el acotamiento de la calle Julián de los Reyes, cerca del fraccionamiento Puertas del Cielo. Ale había sido golpeada con un arma blanca hasta morir.

El asesino fue detenido por conducir a exceso de velocidad, las manchas en su ropa gritaron que algo malo había hecho. 

Cuando murió Ale, Andrea pensó: “Yo ya no me voy a volver a quedar callada”. Y esa misma noche se convocó a una manifestación por las calles que rodean la presidencia municipal. Andrea recuerda que la movilización comenzó con familiares y amigas de Ale, pero se fueron sumando más y más mujeres.

En la plaza principal se encontraba un gran letrero luminoso que celebraba el inicio del 2021, este fue transformado en un altar que exigía justicia, fue tapizado con fotografías de Ale y cartulinas: “Una madre llora a su hija, una niña llora a su mami y un asesino sin condena”, se podía leer en una de ellas.

Rioverde es un lugar hostil para las mujeres

Angie García se unió al grito de la familia de Ale para exigir justicia desde el comienzo. Ella es feminista y tiene 22 años. Trabaja en una lavandería y señala que Rioverde es una ciudad hostil para las mujeres.

“Aquí, desde siempre se ha vivido mucho acoso y hostigamiento”, Angie menciona que salir a la calle con short o falda significa que hombres de todas las edades se sentirán con el derecho de hacer comentarios groseros o intentarán tocarte. 

“Una vez en el trabajo un señor me metió la mano en el pantalón. Yo me quedé en shock, no podía creerlo”, relata Angie.

La reacción de sus superiores fue culparla a ella por no gritar en ese momento. 

Pero desde mediados de 2021, la inseguridad ha rebasado a las autoridades rioverdensesEl aumento de casos de desaparición y la violencia han alcanzado a varias mujeres del municipio.

Angie recuerda que el 20 de diciembre de 2021, una conocida, María Elizabeth Gaytán Barriga, fue desaparecida junto a su novio. “Mary es una muchacha buena y no merecía que le pasara eso”, piensa Angie y señala que “ahora te sientes aún más insegura cuando sales por las calles”.

Este sentimiento también lo tiene Andrea, su primo Luis Miguel Martínez García fue desaparecido el 30 de noviembre de 2021, pero desde antes, a partir del feminicidio de su hermana, ella tiene miedo de salir y no poder regresar a casa.

“No es fácil porque Rioverde no es un lugar seguro. Cuando camino siempre voy cuidándome y volteando para atrás, a veces salto de miedo si traigo a alguien siguiéndome”.

Mi propósito es que las mujeres no se queden calladas

La muerte de Ale y las violencias que viven las mujeres constantemente en el municipio redefinieron las prioridades de Andrea:

“Mi propósito es que las mujeres no se queden calladas cuando experimentan algún tipo de violencia y que no se dejen de nadie. Es lo que trato de hacer para que no se repita la historia de ella otra vez en Rioverde”.

Andrea habla constantemente con sus amigas y conocidas que experimentan algún tipo de violencia, las impulsa y ayuda a salir de esos espacios desde el testimonio de su hermana. Acompañando para que esas mujeres denuncien y se alejen del peligro, pero también exige acciones relevantes del Estado para frenar la violencia contra la mujer.

“Uno va y alza la voz, pedimos que nos den respuesta de las inseguridades, pero el Gobierno sí se enoja. No sé porque se enojan si es algo normal, hay mucho desaparecido y no nos dan respuesta”, Andrea, sus amigas y mujeres feministas, como la colectiva “Libres y Sororas”, están constantemente manifestándose.

“Lo hacemos porque no nos hacen caso. El sistema cómo que premia a los asesinos y nos cierran la puerta en la cara (a las familias de las víctimas) porque no solo es con la investigación de Ale, es con todas las mujeres asesinadas”, Andrea cuenta que hay otros casos en Rioverde cuyas investigaciones no tienen avances, como el caso de Alma Rosa Torres, de 38 años, que fue asesinada por su pareja el 11 de diciembre de 2019.

La omisión de las autoridades para garantizar el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia y evitar que existan más feminicidios tiene varios años sucediendo.

En marzo de 2018, la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) emitió la recomendación 5/2018 a la Fiscalía General del Estado de San Luis Potosí, por el feminicidio de una mujer el 24 de enero de 2018, tras ser atacada a balazos por su ex pareja.

Ella acudió a pedir ayuda desde octubre de 2017, primero, al Módulo Fijo de Atención Integral para las Mujeres en el municipio, donde fue canalizada al Centro de Justicia para las Mujeres. El 14 de noviembre interpuso una denuncia en la Unidad de Atención Temprana: “mencionando al Ministerio Público el temor que tenía al agresor, debido a que era una persona muy violenta y agresiva, además solicitó se exigiera a su acusado que saliera de su casa y se le impusiera una orden de restricción para que no se acercara a ella ni a sus hijas e hijo”, pero las medidas de protección nunca llegaron.  

Yo quiero justicia para mi hermana y para todas  

Sobre el caso de Ale, “yo sé que esto es un proceso, pero a mi mamá le han dado muchas largas”, comenta Andrea.

Dora explica que, aunque el asesino de su hija está preso, ella no ha sentido ese acompañamiento integral que la FGE debería de tener. Ella menciona que no se han agotado todas líneas de investigación para descubrir si hubo cómplices que apoyaron en el feminicidio de su hija. Y lo único que pide es que no se juzgue al asesino mediante un juicio abreviado, al contrario, pide que se le dé la pena máxima.

Para Dora, por la experiencia que ha tenido, es necesaria la continuación y robustecimiento de la Unidad Especializada Multidisciplinaria e Itinerante en Materia de Género (UEMI) –formada a raíz de la sentencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación por el caso de Karla Pontigo–, “así como la asignación de presupuesto y todos los recursos necesarios para que la unidad opere de forma eficiente y permita el acceso a la verdad y la justicia a todas las mujeres víctimas de feminicidio o muertes violentas, así como a sus familias”, señala el comunicado de la colectiva de familias “Por ellas, por nosotras y por todas”, donde la familia de Ale forma parte.

Andrea explica que como ciudadanía es necesario entender que “cualquier mujer puede ser víctima de feminicidio” y se necesita de todas para exigir justicia por las que nos faltan.

“Yo pido justicia por mi hermana, pero también pido que se haga un buen trabajo en todos los casos”, Andrea también comenta que es urgente que se trabaje en la prevención de la violencia para evitar que sigan existiendo feminicidios en el municipio.

“Yo no quiero que a otra mujer la maten brutalmente como lo hicieron con mi hermana”.   

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