Sara Rocha… ¡Era broma! 

El Radar

Por Jesús Aguilar

Hay momentos en la política en los que uno entiende que el fondo no solo se toca: se abraza, se acaricia y se presume. Y San Luis Potosí acaba de presenciar justamente eso, protagonizado por la dirigente estatal del PRI, Sara Rocha Medina, en una comedia negra que nadie habría imaginado sin ayuda de sustancias controladas.

Porque lo que ocurrió esta semana no fue un error: fue un triple salto mortal al vacío con saludo final al público.

Acto I: La posada y el éxtasis místico por la camioneta

El gobernador Gallardo convocó a los 27 diputados a un desayuno navideño. Asistieron todos, porque en este estado el Legislativo es más un club de fans que un Poder. 

Las fotos eran de postal: sonrisas, compadrazgos, abrazos… y en el centro de la escena política potosina, un PRI reducido a holograma.

Ahí aparece la estrella de la obra: Sara Rocha, presidenta de la Mesa Directiva, priísta, dirigente estatal y supuesta opositora. Sale del enuentro emocionada a grabar un video donde agradece —con devoción de concurso parroquial— que se ganó una camioneta en una rifa del gobierno.

Bendiciones por aquí, agradecimientos por allá, y un júbilo tan genuino que hacía ver su papel como lideresa opositora al gobierno como un mal casting. En esos segundos, el priismo potosino quedó más claro que nunca: no es contrapeso, no es oposición, no es nada. Es un accesorio decorativo en el árbol navideño del gallardismo.

La escena recuerda al clásico ridículo político de cuando Peña Nieto reveló, sin querer queriendo, que no había leído los libros que dijo haber leído. O cuando Vicente Fox gritó “¡Hoy, hoy, hoy!” sin saber qué iba a pasar “hoy”. O cuando Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre aseguró que su red de edecanes era “un malentendido”. Momentos que uno quiere olvidar… pero no se puede.

Sara Rocha acaba de entrar a ese salón de la fama del despropósito.

Acto II: El incendio, la retractación y el peor libreto jamás escrito

La reacción pública fue inmediata. ¿Cómo demonios la dirigente estatal del PRI —que a nivel nacional jura ser oposición— se emociona al recibir un premio del propio gobierno al que debería cuestionar?

Entonces llegó el segundo video: el momento en que la obra se volvió absurda, surrealista, tragicómica.

Con un gesto solemne y una seriedad que daba lástima, Rocha declaró:

“Era broma.”

Así, sin efectos especiales, sin timing cómico, sin un solo músculo facial que insinuara ironía. Solo “era broma”. Como si todos hubiéramos asistido a una obra teatral sin entender que el primer acto era comedia física al estilo “Los Tres Chiflados”.

No había broma posible. No había ironía. No había doble sentido. Era simplemente un intento desesperado de apagar un incendio… con gasolina.

Acto III: El desayuno de prensa y el intento de lavar la tragedia con cinismo

Cuando uno creía que ya nada podía empeorar, ayer en un desayuno de prensa Sara Rocha volvió a la carga. Y lo que pretendía ser control de daños se convirtió en la confirmación absoluta de que el barco no solo está hundido: ya están vendiendo postales del naufragio.

Ahí, frente a reporteros que ya no sabían si reír o santiguarse, insistió —con un cinismo que desafía la química del cerebro humano— que en verdad todo “había sido broma”.

Ese fue el momento en el que la obra dejó de ser comedia negra para convertirse en una tragedia institucional. Porque si un partido no logra distinguir entre el ridículo y la burla, entre la dignidad y la ocurrencia, entre la oposición y la sumisión, entonces no estamos ante una dirigencia en crisis.

Estamos ante la certificación de defunción del priismo potosino.

Epílogo: El PRI, ese personaje secundario que ya ni texto tiene

Mientras Alito Moreno presume ser el opositor más combativo de México, en San Luis Potosí su dirigente estatal (plegada al Alismo recalcitrante) agradece camionetas imaginarias, graba videos que terminan en escándalo y luego intenta convencer al estado entero de que no entendió el chiste.

Si Kafka hubiera escrito El Proceso sobre la política potosina, el protagonista sería un priista que se acusa a sí mismo, se juzga solo y se condena sin ayuda de nadie.

Porque el fondo no es que Rocha haya hecho un oso monumental. El fondo es que lo pudo hacer porque en San Luis Potosí ya no existe PRI, ni estructura, ni dignidad partidista, ni oposición real. Es el eco de un cascarón vacío que rueda por la escena mientras el gallardismo aplaude desde el palco.

Y mientras tanto, en Casa de Gobierno, deben estar comprando boletos para la siguiente función. Porque cuando la oposición se convierte en entretenimiento, el poder no solo manda: se divierte.

Sara Rocha no solo protagonizó un ridículo.
Protagonizó el acto final de un partido que ya no pesa, no cuenta y no existe.

Y lo más devastador es que, al parecer, tampoco lo extraña nadie.

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