POPOL VUH 295

Por Mario Candia

16/01/2026

IRÁN Irán no estalló de la nada. No fue un arrebato ni una conspiración importada, como repite la propaganda oficial. Irán estalló porque se quedó sin aire. La moneda se desplomó, la inflación devoró salarios, los precios de alimentos básicos se dispararon y la vida cotidiana se volvió una humillación permanente. Cuando el pan falta y el futuro se cancela, el miedo deja de ser eficaz. Eso es lo que está ocurriendo.

DIGNIDAD Las protestas comenzaron a finales de diciembre como reclamo económico, pero en días mutaron en algo mucho más peligroso para el poder: una impugnación directa al sistema teocrático que gobierna desde 1979. Comerciantes del bazar, estudiantes, mujeres, jóvenes de barrios populares y clases medias salieron a la calle. Ya no para pedir alivios, sino para exigir dignidad. Para decir, sin rodeos, que el régimen prefiere financiar su épica exterior antes que sostener la vida interior.

BARBARIE La respuesta fue de una violencia desproporcionada y sistemática. En poco más de dos semanas, organizaciones independientes contabilizan más de 2,500 civiles muertos, muchos de ellos jóvenes, varios por disparos directos al pecho o a la cabeza. Decenas de miles han sido detenidos —se habla de entre 30,000 y 40,000 personas arrestadas— y cientos enfrentan cargos que pueden derivar en condenas ejemplares o ejecuciones. Hay hospitales militarizados, familias que no pueden recuperar cuerpos, juicios sumarios y un apagón casi total de internet para que las imágenes no crucen fronteras. No es control del orden: es castigo colectivo.

PROTESTAS Y frente a esa barbarie, la pregunta que incomoda se impone: ¿dónde están las protestas globales por Irán? ¿Dónde están las marchas multitudinarias por los miles de civiles asesinados? ¿Dónde están los comunicados encendidos, los plantones frente a embajadas, la indignación en tiempo real?

SILENCIO El silencio es ensordecedor. Sobre todo cuando se contrasta con la vehemencia selectiva de ciertos activismos que se proclaman defensores universales de los derechos humanos. Cuando el verdugo se presenta como antiimperialista, la ética se congela. La víctima pierde valor si no encaja en el relato correcto.

DISCULPAS El contraste se vuelve obsceno al mirar Venezuela. Durante años se negó incluso la existencia de presos políticos. Hoy, con liberaciones que confirman que sí existían —decenas de nombres, historias y cuerpos marcados— nadie rectifica, nadie pide disculpas. El silencio vuelve a operar como coartada ideológica.

¿DONDE ESTÁN? Por eso la pregunta no es solo qué pasa en Irán, sino quiénes están dispuestos a mirar. ¿Dónde está Aylin Medrano? ¿Dónde está Greta Thunberg, tan pronta a alzar la voz cuando la causa es rentable? ¿Gerardo Fernández Noroña estará preparando maletas rumbo a Teherán o la indignación no alcanza para dictaduras amigas?

COHERENCIA No es geopolítica. Es coherencia. Un muerto no vale menos por la bandera que lo cubre. Una mujer asesinada por protestar no deja de ser mujer por ocurrir en Irán. Cuando la defensa de los derechos humanos depende del guion ideológico, deja de ser defensa y se convierte en propaganda. Irán arde. Miles de muertos, decenas de miles de detenidos, un país silenciado. Y el silencio —otra vez— también mata.

Hasta mañana.

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