Por Mario Candia
19/1/26
LEYENDAS Todavía no lo entendemos del todo. Quizá porque aceptarlo duele. El Mundial de 2026 no será una celebración del fútbol, será un funeral sin ataúd. Un adiós colectivo disfrazado de fiesta global. Cuando ruede el balón, algo ya estará terminando para siempre. Se jugará en Estados Unidos, Canadá y México, con estadios colosales y un despliegue tecnológico que promete perfección. Pero nada de eso podrá ocultar la verdad: será el último Mundial de las leyendas que marcaron nuestra época. El cierre definitivo de una generación que nos acompañó durante más de quince años, mientras el mundo se volvía más cínico y el fútbol más negocio.
HISTORIA Brasil verá a Neymar disputar su última Copa del Mundo, con Thiago Silva a su lado, como si el tiempo se negara a irse del todo. Croacia se despedirá de Luka Modric, el arquitecto silencioso que enseñó que la inteligencia también puede ser épica, y de IvanPerisic, ese obrero incansable que nunca pidió aplausos. Polonia perderá a Robert Lewandowski, su goleador histórico, el último gran delantero de área que aún creía en el oficio. Inglaterra dirá adiós a Harry Kane, su máximo anotador, condenado a cargar con una historia que siempre prometió más de lo que cumplió.
GENERACIÓN Bélgica dejará marchar a Kevin De Bruyne, el cerebro de una generación brillante que nunca encontró su redención. Países Bajos perderá a Virgil van Dijk, el defensor que devolvió la dignidad a la zaga neerlandesa. México, uno de los anfitriones, verá irse por fin a Memo Ochoa, su guardián eterno, polémico testigo de derrotas, atajadas imposibles y de un país que siempre esperó demasiado de él.
DESPEDIDA Colombia se despedirá de James Rodríguez, el talento intermitente, el mago frágil que por momentos pareció capaz de detener el tiempo. Y entonces llegará el golpe final: Lionel Messi y Cristiano Ronaldo jugarán su última Copa del Mundo. Con ellos se irá una era completa.
INSUPERABLES Messi llega con más de 800 goles oficiales, campeón del mundo, ganador de 8 Balones de Oro, dueño de un Mundial donde hizo de todo: asistió, marcó, condujo y levantó el trofeo que le faltaba. Cristiano, con más de 870 goles, máximo goleador en la historia del fútbol profesional, 5 Balones de Oro, récords imposibles en selecciones, Champions y torneos continentales. Juntos superaron lo que parecía intocable.
LOS MEJORES Pelé ganó tres Copas del Mundo y marcó más de mil goles en una época donde el fútbol era casi artesanal. Maradona escribió una sola Copa, la de 1986, pero la escribió con la mano, con el pie y con el alma. Hugo Sánchez reinventó el gol en Europa cuando ningún mexicano podía imaginarlo, cinco veces Pichichi, acrobático y desafiante. Ellos fueron mitos. Messi y Cristiano fueron algo distinto: una era completa medida en números, títulos y obsesión.
2026 Después de 2026 habrá nuevos nombres, nuevos ídolos, nuevas promesas. Pero ya no habrá esta conversación. Ya no habrá comparación semanal, ya no habrá espera. El fútbol seguirá, sí, pero nosotros no seremos los mismos.
TRISTEZA Esta será la Copa del Mundo más triste porque no anuncia el futuro: certifica el final. Porque mientras el espectáculo promete modernidad, lo que veremos en la cancha será un último intento por aferrarnos a lo que ya se va. Cuando todo termine, quedará el silencio. Y la certeza de que vimos jugar a los más grandes. Y de que no volverá a repetirse.
Hasta mañana.