Japón reactiva central nuclear operada por TEPCO tras más de una década

Más de una década después del accidente nuclear que marcó al país, Japón vuelve a poner en marcha una planta operada por la empresa responsable de Fukushima. Este miércoles está previsto el reinicio de operaciones de la central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, un hecho que representa un giro relevante en la política energética nacional.

La planta, ubicada en la prefectura de Niigata, es considerada la más grande del mundo por su capacidad potencial. Su reapertura fue anunciada por Tokyo Electric Power Company (TEPCO) y cuenta con la autorización del gobernador local, quien dio su aval el mes pasado tras una revisión del proceso.

El regreso de esta central se da en medio de una fuerte controversia social. Encuestas recientes muestran que una mayoría de los habitantes de la zona rechaza la reactivación, reflejando la desconfianza que persiste hacia la energía nuclear desde el desastre ocurrido en 2011.

Kashiwazaki-Kariwa permanecía fuera de servicio desde el terremoto y tsunami que provocaron la fusión de reactores en Fukushima Daiichi, tragedia que dejó cerca de 18 mil víctimas. A raíz de ese evento, Japón detuvo gran parte de sus plantas nucleares y revisó por completo sus normas de seguridad.

Desde entonces, el país ha autorizado nuevamente la operación de 14 reactores bajo regulaciones más estrictas, aunque solo 13 están activos actualmente, principalmente en el oeste y sur del territorio japonés.

El gobierno encabezado por la primera ministra Sanae Takaichi defiende el uso de la energía nuclear como una vía para reducir la dependencia de combustibles fósiles importados, avanzar hacia la neutralidad de carbono en 2050 y asegurar el abasto eléctrico ante el crecimiento del consumo, impulsado por la digitalización y la inteligencia artificial.

TEPCO aseguró que la central fue sometida a importantes mejoras, como la construcción de un muro antitsunami de 15 metros, sistemas de energía de emergencia elevados y refuerzos estructurales diseñados para resistir sismos de gran magnitud.

Pese a ello, el rechazo ciudadano sigue presente. En los últimos días, decenas de personas se manifestaron frente a la planta, señalando antecedentes de fallas técnicas, encubrimientos y planes de evacuación que consideran insuficientes. Habitantes como Chie Takakuwa, de 79 años, expresaron que una evacuación efectiva sería prácticamente imposible en caso de emergencia.

Las críticas se intensificaron tras la entrega de una petición con casi 40 mil firmas a las autoridades y al regulador nuclear, en la que se advierte que la planta se localiza en una zona con actividad sísmica y se recuerda el terremoto registrado en 2007.

El debate ocurre en un contexto energético complejo. Japón es uno de los principales emisores de dióxido de carbono y actualmente depende en gran medida de carbón, gas y petróleo importados. El plan energético nacional busca reducir esa dependencia en los próximos años, aumentando la participación de fuentes renovables y nucleares, mientras continúa el largo proceso de desmantelamiento de Fukushima Daiichi.

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