Por Mario Candia
26/01/2026
PODER EN PAPEL The Economist —esa revista que incomoda a todos porque no milita con nadie— tituló su más reciente radiografía sobre México con una frase demoledora: Power on paper. Poder en papel. No poder real, no poder efectivo, no poder que transforme. Poder administrativo, estadístico, jurídico. Poder que existe en la Constitución, en las supermayorías, en los discursos. Pero que se disuelve cuando toca enfrentar la realidad.
CONTROL El artículo, firmado en su edición de The Americas, describe a Morena como “el partido de izquierda más fuerte del mundo democrático”. Y sin embargo, inmediatamente añade la paradoja central de nuestro tiempo: es incapaz de mejorar sustancialmente al país que gobierna. Nunca México había tenido un partido con tanto control institucional —Presidencia, Congreso, mayoría de estados, órganos capturados— y nunca ese control había producido tan pocos resultados estructurales.
LEGITIMIDAD La presidenta Claudia Sheinbaum aparece en el texto como una figura casi trágica: heredera de un poder inmenso, pero atrapada por la arquitectura política que le dejó López Obrador. Tiene legitimidad electoral, respaldo popular y dominio legislativo, pero carece de margen real para desmontar el sistema que la sostiene. Es, en palabras no escritas pero claramente insinuadas por The Economist, una presidenta con todo el poder… y sin control del país.
LEALTADES El diagnóstico es brutal: crecimiento económico anémico (1.5% estimado para 2026), inversión estancada, déficit fiscal en máximos de cuatro décadas, inseguridad persistente, corrupción intacta y un Estado cada vez más dependiente del reparto de dinero como estrategia de gobernabilidad. Morena no gobierna: administra lealtades. No construye futuro: compra presente.
DOMINANTE Lo más inquietante del texto no es lo que dice sobre la economía, sino lo que insinúa sobre la democracia. Morena ya no se comporta como un partido de izquierda transformadora, sino como un régimen de partido dominante. Un PRI sin complejos ideológicos, con retórica progresista y prácticas corporativas: control de instituciones, debilitamiento de contrapesos, captura del árbitro electoral, reformas hechas a la medida del poder.
DECORATIVA La democracia mexicana no ha muerto, pero se ha vuelto decorativa. Hay elecciones, pero no alternancia real. Hay Congreso, pero no deliberación. Hay Constitución, pero no límites. El poder ya no necesita justificar resultados: le basta con sostener una narrativa.
ANESTESIA The Economist lo dice con elegancia británica. Nosotros podemos decirlo sin anestesia: México es hoy un país con hegemonía sin eficacia. Un Estado que lo controla todo, excepto lo esencial: la violencia, la corrupción, el crecimiento, la justicia.
PROPAGANDA Y quizá ahí está la definición más precisa del régimen actual: no es una dictadura, no es una democracia plena, no es una revolución. Es algo más moderno y más peligroso: un sistema donde el poder es absoluto en el papel, pero irrelevante en la realidad. Un país gobernado por su propia propaganda.
ESPERANDO Morena no fracasó por falta de poder. Fracasó, exactamente, por tenerlo todo. Porque cuando no hay oposición real, ni límites institucionales, ni presión externa, el poder deja de servir para transformar y se convierte en un fin en sí mismo. El poder ya no es herramienta: es paisaje. Y México, mientras tanto, sigue esperando resultados que nunca llegan.
Hasta mañana.