Carambola de 5 bandas: El ruido, el cálculo y el fuego

El Radar por Jesús Aguilar

X @jesusaguilarslp

Dicen que el que no sabe para dónde va, cualquier viento le acomoda el peinado.
Y en política, cuando no hay rumbo, los reflejos se disfrazan de estrategia.

Hay momentos en que la política no se mueve por convicciones, sino por reflejos.
Y cuando eso ocurre, lo que parece estrategia puede ser simple inercia.

Hoy la pregunta no es qué está pasando.
La pregunta es qué están calculando mal.

¿Qué está realmente en juego?

Primera banda. San Luis Potosí.

¿Por qué el gobernador Ricardo Gallardo Cardona sigue atizando a sus huestes contra “la maldita herencia” cuando esa narrativa ya está más sobada que Julión Álvarez en cartelera oficial?

Gallardo tiene solidez y debería de estar proyectando la satisfacción del deber cumplido, no un pleito inacabado contra… nadie.

La herencia maldita ya no es denuncia. Es muletilla.
Y cuando un discurso deja de explicar y solo sirve para cohesionar tropa, algo se está agotando.

¿Se gobierna hacia adelante o se sigue administrando el pasado?
¿La narrativa sustituye a la gestión?
¿O es simplemente el pegamento político que mantiene alineada la estructura rumbo a 2027?

Segunda banda. El PAN potosino.

¿Por qué la presidenta estatal —ausente casi siempre— le da un espaldarazo condicionado a Enrique Galindo Ceballos como candidato único rumbo a 2027, al tiempo que declara que no habrá aliados ni coaliciones?

El PAN no tiene candidatos viables, y no hay que presionar a Galindo sino afinar un frente común y hacer un equipo con posiciones claras.

¿Es respaldo… o cerco?

Y justo cuando corrían rumores fundados de que el grupo Azuara operaba su regreso bajo el cobijo de Jorge Romero Herrera, dirigente nacional del PAN.

¿Se está blindando Galindo… o se está encapsulando?
¿El PAN se cierra para consolidar o se aísla para reducir daños?

¿Porqué está nervioso el frente “opositor” local?

Una verdader prueba para la templanza de Galindo y sus aspiraciones.

Tercera banda. La reforma electoral federal.

En Morena y en el gobierno federal ya circula un diagnóstico incómodo: la reforma electoral que enviará Claudia Sheinbaum podría nacer muerta. No alcanzan las dos terceras partes y el Partido Verde ya marcó distancia. La Presidenta insiste en bajar el costo de las elecciones y en cambiar la fórmula de los plurinominales al voto ciudadano, pero para sus aliados esos puntos son intransitables. Sin consenso interno, la mayoría calificada se vuelve aritmética imposible.

Y aun así, hay quien quiere tensar más la cuerda. El diputado Alfonso Ramírez Cuéllar plantea agregar la eliminación del fuero, lo que reabriría casos como el de Cuauhtémoc Blanco. La pregunta es inevitable: ¿se busca una reforma electoral… o reacomodar lealtades dentro de la coalición? Porque cuando el conflicto está en casa, el obstáculo ya no es la oposición, sino la propia alianza.

Es importante encontrar ahora el patrón común

De San Luis Potosí a la Cámara de Diputados, el patrón es el mismo:

• Narrativas que ya no convencen pero cohesionan.

• Espaldarazos que parecen abrazos, pero son advertencias.

• Reformas que buscan legitimidad, pero generan fractura.

Y mientras tanto, el tablero global arde.

En Medio Oriente, Estados Unidos e Israel subestimaron la capacidad de respuesta indirecta de Irán.
La activación de aliados en Líbano y otros puntos estratégicos reconfiguró el equilibrio.

El cierre del Estrecho de Ormuz no es retórica menor.

Por ahí transita 1 de cada 4 barriles de crudo del mundo.

Si Irán cumple su amenaza de atacar a quien cruce, el impacto no es militar:
es financiero.
Es inflacionario.
Es sistémico.

Y aquí viene la pregunta incómoda:

¿Estamos legislando una reforma electoral estructural en medio de una posible tormenta energética global?

¿Es el momento político adecuado?
¿O es una apuesta de alto riesgo que podría coincidir con una sacudida económica internacional?

La pregunta en tres niveles

Local.
Nacional.
Global.

¿Quién está midiendo realmente las consecuencias de sus propios movimientos?

Porque si Gallardo sigue anclado en pelear con fantasmas,
si el PAN potosino juega al aislamiento estratégico,
si Morena empuja una reforma sin mayoría y encima le agrega dinamita interna,
y si el mundo entra en tensión energética por el Estrecho de Ormuz…

Entonces el problema no es el adversario.

Es el cálculo.

Y cuando demasiados actores creen que controlan el tablero al mismo tiempo,
lo que suele ocurrir no es consolidación.

Es colisión.

La pregunta final es sencilla —y brutal—:

¿Estamos ante estrategia…
o ante una suma de errores de cálculo que podrían coincidir en el peor momento posible?

Eso importa, y por eso está en el Radar.

Compartir ésta nota:

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp