Por Jesús Aguilar
(Antes de empezar, valdría la pena preguntar… Y la bajísima clase política potosina, en serio no va a hacer nada?)
En política, las alianzas no se rompen por diferencias ideológicas.
Se rompen —y se reconstruyen— cuando cambia el cálculo de supervivencia.
Lo que hoy estamos viendo entre Morena, el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México no es una reconciliación.
Es algo más crudo: una reconfiguración de poder motivada por miedo… y por dinero.
Y en esa ecuación, los sacrificables —como siempre— son los territorios.
El instinto de supervivencia
El llamado Plan B no sólo amenaza a la oposición.
También pone en jaque a los aliados.
Reducir presupuesto a congresos locales, achicar cabildos, eliminar espacios políticos y concentrar elecciones en 2027 no es una reforma administrativa:
es un rediseño del ecosistema donde PT y Verde han sobrevivido durante décadas.
👉 ¿Dónde viven esos partidos?
En lo local.
En los regidores.
En los diputados plurinominales.
En las estructuras que ahora están en riesgo de desaparecer o reducirse.
Frente a eso, la decisión fue clara:
alinearse con Morena… o quedar fuera del nuevo sistema.
No es lealtad.
Es instinto.
El pacto no escrito
Hacia afuera, el discurso es de unidad.
Hacia adentro, el mensaje es otro:
“Nos alineamos… pero sobrevivimos.”
Porque el cálculo de las cúpulas del PT y del Verde es brutalmente pragmático:
- Prefieren ceder poder local
- A cambio de mantener acceso al presupuesto federal
- Y, sobre todo, no desaparecer en la reingeniería política que viene
👉 Es un pacto de contención:
ceder hoy… para seguir existiendo mañana.
Pero hay una pregunta incómoda que nadie quiere hacer:
¿A quién están entregando en ese acuerdo?
El costo real: Nosotros “los provincianos”.
La respuesta es evidente, pero poco dicha:
a las estructuras locales.
A los operadores territoriales.
A los cuadros medios.
A los liderazgos que construyeron votos municipio por municipio.
En pocas palabras:
👉 a los provincianos.
Porque mientras las dirigencias nacionales negocian supervivencia,
los estados enfrentan:
- Menos espacios de representación
- Menos presupuesto político
- Menos margen de operación
- Y una subordinación creciente al centro
Es el viejo patrón del sistema mexicano… actualizado:
el centro decide, la periferia se ajusta.
Lo que nadie quiere aceptar.
Aquí está la parte más delicada del tablero:
Este reacomodo no sólo fortalece a Morena.
También vacía de autonomía real a sus aliados.
PT y Verde no están negociando desde fuerza.
Están negociando desde vulnerabilidad.
Y eso tiene consecuencias:
- Pierden capacidad de presión
- Pierden identidad política
- Y se convierten, gradualmente, en extensiones operativas del proyecto central
👉 No es alianza.
Es absorción progresiva.
2027 como punto de quiebre
Todo esto converge en un momento:
la elección de 2027.
Ahí se va a medir si esta decisión fue estrategia… o rendición.
Porque si el rediseño funciona:
- Morena llegará con control narrativo, territorial y presupuestal
- PT y Verde llegarán… pero ya sin estructura propia robusta
- Y los estados serán el campo donde se verá quién realmente conserva poder
¡OJO!
En política, hay decisiones que garantizan el presente…
pero hipotecan el futuro.
Lo que hicieron las cúpulas del PT y del Verde puede entenderse.
Incluso justificarse en lógica de supervivencia.
Pero no deja de ser lo que es:
un acuerdo para salvar el pellejo… financiado con el debilitamiento de lo local.
Y la pregunta que queda flotando —incómoda, inevitable— es esta:
cuando llegue 2027,
¿seguirán siendo aliados… o ya sólo habrán sido absorbidos?
LA TRAMPA DE LA REVOCACIÓN DE MANDATO “ADELANTADA”
No es otra cosa que la perversa intención de tener a Claudia en la boleta en el 2027, sumado a que se recorta el tiempo de veda, y puede seguir haciendo con su imagen pública, propaganda a favor solo de MORENA, porque ahora que no es candidata, pues no podrá tener espectaculares verdes o rojos con amarillo…
¿Así o más claro?
Sí huele a dinosaurio, se mueve como dinosaurio y da estos coletazos, regresamos a 1976!