POPOL VUH 338

Por Mario Candia

20/3/26

HONORIS CAUSA No es poca cosa que en la edición 50 de la Feria Nacional del Libro de la UASLP se entregue el Doctorado Honoris Causa a Cristina Rivera Garza. No se trata de una cortesía protocolaria ni del aplauso rutinario que las instituciones reparten para barnizarse de prestigio. En su caso, el reconocimiento parece justo: pocas escritoras mexicanas han construido, con tanta consistencia y radicalidad, una obra capaz de romper las fronteras entre novela, ensayo, poesía, crónica, archivo y memoria. La Universidad la reconoció ayer 19 de marzo, en el marco de una feria conmemorativa que, por una vez, acierta en distinguir a una autora cuya literatura no adorna la realidad: la interroga, la hiere y la obliga a hablar.

INCOMODA Rivera Garza no ha escrito para complacer al mercado ni para ofrecer una literatura de consumo rápido. Desde Nadie me verá llorar, novela que le dio el Premio Sor Juana Inés de la Cruz en 2001, hasta La cresta de Ilión y su trabajo ensayístico y poético, su escritura ha sido una forma de desmontar lenguajes fijos, identidades cómodas y relatos domesticados. Su obra se mueve donde la literatura verdadera incomoda: en las orillas, en la fractura, en la intemperie. No escribe para poner orden, sino para exhibir el desorden moral de su tiempo. Por eso su literatura importa: porque piensa, arriesga y no se resigna a la sintaxis de la obediencia.

PULITZER Pero hay un libro que convirtió esa potencia estética en una forma superior de justicia: El invencible verano de Liliana. Ahí, Cristina hizo algo más que narrar un crimen: rescató a su hermana Liliana Rivera Garza del expediente, del morbo y de la estadística. Liliana, asesinada el 16 de julio de 1990 por su exnovio, dejó de ser únicamente víctima para volver a ser persona: joven, brillante, deseante, viva en la memoria y en el lenguaje. Ese libro, que obtuvo el Pulitzer en 2024 por su edición en inglés, demostró que la literatura puede no resucitar a los muertos, pero sí impedir que los sepulte del todo la indiferencia.

RESISTENCIA Tal vez por eso, el año pasado su nombre apareció entre las quinielas y apuestas previas al Nobel de Literatura 2025. No fue una nominación oficial —porque esas listas no existen públicamente antes del fallo—, pero sí un síntoma: Cristina Rivera Garza ya ocupa un lugar en la conversación literaria internacional. Que una autora mexicana, formada también en la investigación histórica y hoy profesora distinguida en la Universidad de Houston, esté en ese radar no es casualidad. Es la consecuencia natural de una obra que ha hecho de la lengua una forma de resistencia. Honrarla en San Luis no es sólo premiar a una escritora notable; es reconocer que, a veces, la literatura todavía puede decir la verdad donde las instituciones apenas balbucean.

Hasta el lunes

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