Rechazan FIFA e Infantino petición de Irán sobre jugar en México.

El panorama internacional del fútbol se sacudió tras las determinaciones de la cúpula máxima del deporte. A pesar de la creciente tensión bélica en Medio Oriente y las peticiones diplomáticas, Gianni Infantino, presidente de la FIFA, cerró la puerta de forma definitiva a cualquier modificación en el calendario del Mundial 2026. La selección de Irán, que buscó desesperadamente trasladar sus encuentros a México por motivos de seguridad, recibió una respuesta negativa que los obligará a pisar suelo estadounidense el próximo junio.

La controversia escaló cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, puso en duda la viabilidad de recibir a la delegación iraní por “su propia seguridad”. Ante este escenario de incertidumbre, la Federación de Fútbol de Irán, encabezada por Mehdi Taj, intentó negociar una mudanza estratégica hacia México. La propuesta consistió en mover sus juegos contra Nueva Zelanda, Bélgica y Egipto (programados en Los Ángeles y Seattle) hacia estadios mexicanos, donde el clima diplomático resultó mucho más favorable.

Infantino ratifica el calendario en Zúrich

Durante una reunión clave del Consejo de la FIFA en Zúrich, el mandatario del organismo evitó ceder ante las presiones políticas. Gianni Infantino declaró que la institución no posee la facultad de resolver conflictos geopolíticos, pero sí la obligación de mantener la integridad de su torneo estrella. El directivo enfatizó que la Copa Mundial de la FIFA se celebrará según lo previsto, calificándola como una “fiesta total” que debe servir para tender puentes y no para fragmentar la logística ya establecida.

Esta postura dejó claro que el organismo no alterará las sedes para los 48 equipos participantes, a pesar de los riesgos señalados por la administración de Donald Trump. Aunque el mandatario estadounidense recibió recientemente el Premio Nobel de la Paz de la FIFA, su retórica sobre la selección de Irán no bastó para que el ente rector del fútbol diera marcha atrás. Para la FIFA, el espíritu del juego limpio debe prevalecer por encima de las hostilidades entre naciones.

El papel de México y la seguridad de los jugadores

La posibilidad de ver a los iraníes en canchas aztecas generó expectativas incluso en el gobierno federal. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, manifestó previamente la apertura de su administración para albergar dichos encuentros, bajo el argumento de que el país mantiene relaciones diplomáticas estables con todas las naciones del mundo. Sin embargo, la disposición del gobierno mexicano no influyó en la decisión final del comité organizador, que prefirió mantener el plan original de tres países sede.

La situación para los futbolistas de Irán luce sumamente compleja. Tras el fallecimiento del líder supremo Ali Khamenei en marzo, el gobierno iraní amagó con un boicot total a la competencia. No obstante, la postura oficial cambió recientemente: el mensaje fue que boicotearán a Estados Unidos políticamente, pero no al Mundial. Con solo 84 días para el silbatazo inicial, la presión aumentó para los jugadores, quienes ahora deberán concentrarse en el aspecto deportivo mientras el entorno internacional continúa bajo un fuego cruzado. La FIFA apostó por la normalidad en medio del caos, dejando a México fuera de esta ecuación de emergencia.

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