La cancha no es la cancha con Galindo

Por Héctor Pietrasanta.

No es una cancha.
O no solo.

Es territorio.

Cada espacio público abandonado en una ciudad cuenta una historia: la de un gobierno que se retiró… o la de alguien más que ocupó su lugar. Por eso, cuando una cancha se recupera, no estamos hablando de pintura nueva ni de porterías recién instaladas. Estamos hablando de control.

De presencia.

De orden.

En San Luis Potosí, la rehabilitación de espacios deportivos ya no es una promesa aislada. Forma parte de una estrategia más amplia: el programa Color Mi Jugada, que suma ya 19 canchas intervenidas en distintas colonias, con la meta de llegar a 100 rumbo al Mundial 2026.

No es menor.

Cada intervención implica iluminación —con nuevas luminarias y reflectores—, recuperación de superficies, integración de murales urbanos y, sobre todo, la reactivación de espacios que durante años estuvieron deteriorados o simplemente olvidados.

Y ahí es donde está el punto.

San Luis Potosí lleva tiempo en una tensión silenciosa: crecer sin perder el control. Y en ese equilibrio, lo más frágil no son las grandes obras, sino lo cotidiano. La esquina oscura. El parque vacío. La cancha tomada.

Ahí es donde se gana —o se pierde— la ciudad.

Porque una cancha abandonada nunca está realmente vacía.
Se llena.

Y en México, todos sabemos de qué.

Por eso, recuperar estos espacios no es un gesto estético ni un pretexto mundialista. Es una intervención directa en el tejido social. Es devolverle a niñas, niños y jóvenes un lugar donde estar… y donde no estar expuestos.

Es cambiar dinámicas.

El impacto positivo no está solo en que haya dónde jugar futbol. Está en que hay luz donde antes había sombra. En que hay comunidad donde había dispersión. En que alguien decidió no normalizar el abandono.

Eso es liderazgo.

No el que se presume en discursos o cifras, sino el que se construye en lo visible, en lo que la gente pisa todos los días.

El Mundial 2026 podrá ser el argumento.
Pero el verdadero partido se está jugando en las colonias.

Y en ese terreno —el de lo concreto, el de la recuperación silenciosa pero constante— hay perfiles que entienden mejor el juego.

No todos.

Hay quienes anuncian ciudades.
Y hay quienes las recuperan.

La diferencia… se nota en la cancha.

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