Por Héctor Pietrasanta
El gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo Cardona, se colocó en febrero como el cuarto mandatario estatal mejor evaluado del país, con un nivel de aprobación de 56.8%, de acuerdo con el más reciente ranking de la consultora Mitofsky.
El dato confirma una tendencia ascendente en la percepción ciudadana sobre su gobierno. Pero hay un elemento de mayor calado que suele pasar desapercibido: la consistencia.
Gallardo no es un caso aislado de repunte. En realidad, ha logrado mantenerse durante prácticamente cinco años dentro del bloque de gobernadores mejor evaluados del país, una permanencia que, en términos de opinión pública, es poco común en el sistema político mexicano, donde los ciclos de desgaste suelen ser acelerados.
En ese sentido, el resultado de febrero no es un punto de inflexión, sino la continuidad de una curva estable de aprobación. Y eso abre una pregunta más relevante que el ranking mismo: ¿cómo se construye y se sostiene esa percepción en el tiempo?
El reporte ubica al mandatario potosino solo por debajo de sus pares de Quintana Roo, Querétaro y Aguascalientes, colocándolo en la franja alta del tablero nacional. Este tipo de mediciones, sin embargo, no evalúan únicamente resultados técnicos, sino variables como cercanía, visibilidad, narrativa de gobierno y capacidad de respuesta ante demandas sociales.
En el caso de San Luis Potosí, la estrategia ha sido clara: obra pública visible, programas sociales de contacto directo y una presencia constante del titular del Ejecutivo en territorio. Es una combinación que, desde la lógica de comunicación política, tiende a fortalecer la percepción de eficacia.
Pero también es importante matizar. La aprobación es un indicador de percepción, no necesariamente de desempeño estructural. Es decir, mide cómo se siente la ciudadanía frente al gobierno, no siempre lo que objetivamente ha cambiado en indicadores de fondo como seguridad, crecimiento económico sostenido o calidad institucional.
Además, mantenerse en los primeros lugares durante un periodo prolongado implica otro tipo de exigencia: elevar el estándar. Porque el reto ya no es subir, sino no caer. Y en política mexicana, donde los contextos cambian con rapidez, sostener una narrativa de eficacia a lo largo de los años requiere no solo operación, sino resultados que resistan el desgaste.
Hoy, Gallardo Cardona se mantiene como uno de los gobernadores con mayor respaldo ciudadano en el país. Pero el verdadero desafío no está en el ranking de este mes, sino en la capacidad de que esa aprobación acumulada en el tiempo se traduzca en legado.
Porque cinco años arriba no son casualidad.
Pero tampoco garantizan permanencia.
Gallardo: cinco años en la élite de aprobación… y lo que eso realmente significa
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