ENVEJECIMIENTO DISPARA ENFERMEDADES CRÓNICAS EN MÉXICO Y PRESIONA AL SISTEMA DE SALUD

El envejecimiento acelerado de la población mexicana comienza a reflejarse en un aumento sostenido de enfermedades crónicas, lo que representa un reto inmediato para el sistema de salud, particularmente en entidades como San Luis Potosí.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM) 2024, el país cuenta ya con más de 32 millones de personas de 50 años y más, un segmento que demanda cada vez más atención médica especializada.

El informe revela que la hipertensión afecta al 41.5 por ciento de esta población, mientras que la diabetes alcanza al 25.5 por ciento, ambos padecimientos con una tendencia creciente conforme avanza la edad.

Estas enfermedades, consideradas de atención prolongada y alto costo, comienzan a generar una presión estructural sobre hospitales y servicios públicos de salud, que enfrentan limitaciones en capacidad y cobertura efectiva.

Aunque el acceso declarado a servicios médicos se ubica en 70.5 por ciento, especialistas advierten que la atención real depende en gran medida de instituciones como el IMSS, lo que podría traducirse en saturación y dificultades para brindar atención oportuna.

El fenómeno también tiene implicaciones sociales: el incremento de enfermedades crónicas se asocia con una mayor dependencia, costos familiares elevados y una creciente necesidad de cuidados de largo plazo, especialmente en adultos mayores.

Además, los datos muestran que estas condiciones tienden a agravarse con el tiempo. Por ejemplo, la prevalencia de diabetes en personas que envejecieron dentro del estudio pasó de 16 por ciento en 2012 a más de 28 por ciento en 2024, lo que evidencia el carácter progresivo de estos padecimientos.

En estados como San Luis Potosí, esta tendencia comienza a traducirse en una mayor demanda de servicios médicos, en un contexto donde persisten brechas en infraestructura, cobertura y calidad de atención.

El envejecimiento de la población no solo redefine la pirámide demográfica del país, sino que también plantea un desafío estructural: cómo sostener un sistema de salud que deberá atender a más personas, con enfermedades más complejas y durante más tiempo.

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