El Radar
Por Jesús Aguilar
En San Luis Potosí todavía hay compañeros reporteros que antes de publicar una nota hacen una llamada.
No para confirmar un dato.
Para medir el riesgo.
Esa es una de las formas más silenciosas del miedo.
La auto censura en un lugar como San Luis se ha vuelto un artículo de uso ilimitado, nocivo y corrosivo, pero invi
No aparece en estadísticas.
No genera marchas.
No deja siempre amenazas directas.
Pero modifica preguntas, cambia titulares y a veces mata investigaciones antes de nacer.
Esta semana, un informe retomado por Astrolabio recordó algo que muchos prefieren mirar de reojo: San Luis Potosí acumula 16 agresiones documentadas contra periodistas en los últimos 26 años. https://www.astrolabio.com.mx/slp-registra-16-agresiones-a-periodistas-en-26-anos/?utm_source=chatgpt.com
La cifra no coloca al estado entre los más violentos del país.
Pero tampoco lo deja fuera del problema.
Y ese quizá es el verdadero riesgo potosino:
creer que mientras aquí no existan los niveles de horror de Veracruz, Guerrero o Tamaulipas, entonces el periodismo todavía está a salvo.
No lo está.
Solo que en San Luis la presión suele llegar con formas más discretas.
Aquí rara vez aparece el sicario en motocicleta.
Aquí el control suele usar escritorio, presupuesto, convenio y relaciones públicas.
A veces llega disfrazado de llamada institucional.
Otras de campaña digital perfectamente sincronizada.
O de presión económica.
O de exclusión selectiva.
O del funcionario que deja de contestar cuando una cobertura incomoda demasiado.
O de llamadas frenéticas con reclamos abiertos o sesgados.
El problema es que México lleva años entrando en una zona cada vez más agresiva contra la libertad de expresión.
La organización Artículo 19 advirtió apenas esta semana que el país sigue encabezando en América Latina los índices de censura, ataques físicos y acoso judicial contra periodistas. El organismo documentó siete asesinatos, una desaparición y más de 450 agresiones contra medios y comunicadores durante 2025.
Pero hay una frase del informe que retrata perfectamente el fondo del problema:
cuando un periodista sabe que puede ser vigilado o perseguido, cambia lo que se atreve a preguntar.
Eso ya pasa en México.
Y sí:
también empieza a pasar en San Luis.
Porque la agresión moderna contra periodistas ya no siempre necesita balas.
A veces le basta con desgastar.
Artículo 19 y especialistas en libertad de expresión llevan tiempo alertando sobre otra forma de censura mucho más sofisticada: el acoso judicial. Demandas, procesos administrativos, denuncias electorales y presiones legales que consumen tiempo, dinero y estabilidad emocional de periodistas y medios.
La censura del siglo XXI muchas veces ya no clausura redacciones.
Las agota.
Y eso provoca algo todavía más delicado: la autocensura.
Primero un tema que se pospone.
Luego una pregunta que “mejor no”.
Después una investigación que nadie quiere firmar solo.
Así empieza el silencio.
El relator especial para la libertad de expresión de la CIDH, Pedro Vaca, advirtió hace tiempo que cuando desde el poder se desacredita sistemáticamente a periodistas, se construye un ambiente hostil que termina normalizando las agresiones.
Y quizá ahí está el punto más delicado de fondo.
La normalización.
La velocidad con la que una sociedad empieza a acostumbrarse a:
• insultar periodistas,
• desacreditar medios,
• dividir prensa “buena” y “mala”,
• o asumir que investigar es equivalente a atacar.
Porque cuando el miedo empieza a entrar a las redacciones, la sociedad pierde algo más que reporteros incómodos.
Pierde vigilancia.
Pierde contrapesos.
Pierde ojos.
Y las ciudades donde nadie quiere preguntar demasiado suelen terminar descubriendo la verdad demasiado tarde.
En un proceso electoral adelantadísimo, tríste y vilmente azuado por millones de pesos en redes donde la intención es DESTRUIR y DIFAMAR rivales, los pocos medios serios que seguimos trabajando, dando la cara y procurando recordarles que para influir realmente hay que ser sólidos, frontales y recordarles que los gobiernos terminan pero las ideas del periodismo libre no.