POPOL VUH 373

Por Mario Candia

19/5/26

NAVISMO Ayer 18 de mayo se conmemoró un aniversario más de la muerte de Salvador Nava Martínez, quizá uno de los últimos grandes líderes morales que ha dado la política mexicana. Y decirlo hoy, en tiempos de simulación, propaganda y políticos fabricados por algoritmos, no es nostalgia: es casi una denuncia histórica. Porque Nava no fue solamente un opositor. Fue algo mucho más raro y mucho más peligroso para el poder: un hombre decente.

LUCHA CIVIL En una época donde el PRI era prácticamente una religión de Estado, donde los gobernadores eran virreyes y los caciques administraban el miedo como sistema político, el doctor Nava se atrevió a desafiar al monstruo desde la dignidad civil. No desde las armas. No desde la ambición. No desde el oportunismo. Desde la autoridad moral. Y eso lo convirtió en leyenda.

MOVIMIENTO El navismo no nació como una estructura electoral. Nació como un movimiento ciudadano profundamente humano, heterogéneo y casi imposible: empresarios, estudiantes, médicos, obreros, católicos, izquierdistas, universitarios y ciudadanos sin partido unidos alrededor de un solo principio: recuperar la dignidad democrática de San Luis Potosí. Hoy parece normal hablar de alternancia, oposición o resistencia civil. Pero en los años sesenta aquello era casi un acto suicida.

AUTORIDAD MORAL Nava enfrentó al cacicazgo de Gonzalo N. Santos cuando hacerlo implicaba cárcel, persecución, represión y tortura. Y aun así nunca negoció su nombre ni hipotecó su prestigio. Cuando intentaron comprarlo políticamente tras negarle la candidatura del PRI a la gubernatura, respondió una frase que todavía debería avergonzar a muchos políticos contemporáneos: “No existe suficiente dinero para comprarme a mí y al pueblo de San Luis Potosí”. ¿Qué político mexicano podría pronunciar hoy esa frase sin provocar carcajadas? Ahí está quizá la verdadera tragedia de nuestra época: los liderazgos con autoridad moral casi se extinguieron.

CREDIBILIDAD Hoy abundan los influencers electorales, los operadores reciclados, los mercenarios ideológicos que brincan de partido en partido como quien cambia de camiseta. Hay políticos con millones de seguidores y cero credibilidad. Gobernantes que confunden popularidad con grandeza. Figuras públicas incapaces de inspirar algo distinto al cálculo.Nava inspiraba sacrificio. Por eso alrededor suyo convergieron figuras históricas tan distintas como Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Heberto Castillo, Manuel Clouthier y el entonces joven opositor tabasqueño Andrés Manuel López Obrador. Todos entendieron que en San Luis Potosí se estaba librando algo más profundo que una elección local: una batalla moral contra el autoritarismo. 

DIGNIDAD La famosa Marcha por la Dignidad de 1991 no sólo cimbró al régimen; anticipó el colapso ético del viejo sistema político mexicano. Y sin embargo, quizá el mayor triunfo de Nava no fue tumbar caciques ni provocar renuncias de gobernadores. Fue demostrar que la política todavía podía ser un acto de congruencia. Ese es su verdadero legado.

HISTORIA En un país donde muchos llegaron al poder prometiendo parecerse a Nava y terminaron pareciéndose a aquello que decían combatir, recordar al viejo doctor potosino resulta incómodo. Porque su vida funciona como un espejo brutal. Y los espejos, cuando muestran la decadencia moral de una época, suelen ser insoportables. Hoy que México vive saturado de propaganda, polarización y culto al poder, quizá lo que más hace falta no son nuevos caudillos. Quizá lo que hace falta son hombres y mujeres con la estatura ética suficiente para volver a mirar de frente a la historia.

Hasta mañana.

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