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POPOL VUH 384

Por Mario Candia

9/6/26

 

DIGNIDAD Hay frases que condensan décadas de dignidad. “¡Aquí no!”, gritan los pueblos Mayo-Yoreme de la Bahía de Ohuira, en Sinaloa. No es una consigna partidista ni una moda ambientalista. Es el grito desesperado de quienes sienten que el mar que les dio identidad, alimento y sustento está siendo transformado en nombre del progreso ajeno.

 

TOPOLOBAMBO La historia de la planta de amoniaco de Topolobampo es la historia de un país que suele decidir desde los escritorios aquello que otros tendrán que padecer en sus territorios. Los permisos iniciales fueron otorgados durante el sexenio de Enrique Peña Nieto. Los propios funcionarios federales actuales han insistido en recordarlo, como si el origen del problema los eximiera automáticamente de toda responsabilidad presente. Semarnat ha señalado que las autorizaciones ambientales datan de 2014 y fueron ampliadas en 2018. Pero gobernar no consiste en elaborar árboles genealógicos de la culpa.

 

CONTRADICCIÓN Porque si el argumento es que las decisiones heredadas son intocables, alguien tendría que explicar entonces la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México en Texcoco. Aquella obra también fue concebida y ejecutada durante el gobierno de Peña Nieto. Tenía contratos firmados, inversiones multimillonarias y un avance considerable. Nada de eso impidió que el entonces presidente electo Andrés Manuel López Obrador decidiera detenerla, argumentando razones económicas, ambientales y de interés público. No le tembló la mano al poder.

 

CANCELACIÓN Y quizá ahí radica la gran contradicción de este caso. Si Texcoco pudo cancelarse porque existían dudas sobre su pertinencia ambiental y social, ¿por qué la planta de amoniaco parece avanzar inexorablemente pese a las advertencias de científicos, pescadores y pueblos originarios? ¿Por qué en un caso prevaleció el principio precautorio y en el otro se impone la lógica de que “ya está muy avanzada la obra”?

 

YOREME Las comunidades Yoreme no hablan desde la ideología. Hablan desde la experiencia. Pescadores que han visto disminuir la captura. Habitantes que observan cómo las aves abandonan los manglares. Familias enteras que temen que la alteración de la temperatura y salinidad del agua modifique para siempre el equilibrio de la bahía. La empresa promete monitoreo ambiental, filtros y protocolos internacionales. Los opositores responden con una pregunta simple: si existen tantos sitios posibles para instalar una planta de esta naturaleza, ¿por qué debe hacerse precisamente en un ecosistema protegido y considerado sagrado por una comunidad indígena?

 

RESISTENCIA La Suprema Corte ya les dio parcialmente la razón al señalar que no fueron consultados adecuadamente. Sin embargo, la maquinaria continuó avanzando. Han pasado doce años desde que comenzó esta resistencia. Doce años de amparos, protestas, reuniones internacionales y amenazas denunciadas por los propios líderes comunitarios.

 

MEMORIA SELECTIVA Quizá el verdadero debate no sea entre desarrollo y conservación. México necesita inversión, infraestructura y producción. El problema aparece cuando se exige a unos territorios sacrificarlo todo mientras otros conservan intactos sus privilegios. “¡Aquí no!”, dicen los Yoreme. Y más allá de si uno coincide o no con sus argumentos, su reclamo obliga a formular una pregunta incómoda: si el Estado tuvo la capacidad política para cancelar Texcoco, ¿por qué hoy se declara impotente frente a Topolobampo? Tal vez porque en México los principios suelen ser inquebrantables… hasta que cambian las circunstancias políticas. Y eso, más que una política ambiental, es una forma muy sofisticada de selectiva memoria gubernamental.

 

Hasta mañana.