El deterioro de las vialidades, las obras inconclusas y las lluvias recientes han convertido los accesos a la Zona Industrial en un auténtico cuello de botella para el transporte de carga, con retrasos que alcanzan hasta tres horas en trayectos que habitualmente se realizan en apenas 30 minutos.
La situación ha comenzado a impactar directamente la productividad del sector, advirtió Norberto Cueto García, delegado de la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (Canacar), quien señaló que la problemática afecta tanto a los operadores como a las empresas instaladas en uno de los corredores económicos más importantes del estado.
Como ejemplo, mencionó que el recorrido entre Santa María del Río y la capital potosina puede extenderse actualmente hasta tres horas debido a los congestionamientos provocados por baches, cierres parciales y obras viales en proceso.
“Diariamente hay retrasos de dos a tres horas; es increíble cómo de Santa María a San Luis son dos o tres horas en llegar”, lamentó.
El representante de Canacar explicó que las lluvias han agravado las condiciones de la infraestructura, especialmente en puntos donde los sistemas de drenaje resultan insuficientes. Los encharcamientos y el paso continuo de unidades pesadas aceleran el desgaste del pavimento y favorecen la aparición de nuevos baches.
“Ahorita las lluvias no han sido menores y eso va a complicar toda la infraestructura”, sostuvo.
Ante este panorama, hizo un llamado a las autoridades para implementar, al menos de manera temporal, un programa intensivo de bacheo que permita reducir afectaciones y evitar daños a las unidades que diariamente circulan por la zona.
A la problemática se suman los trabajos que se desarrollan sobre la carretera 57, tanto en los carriles centrales, intervenidos por el Gobierno Federal, como en las laterales, donde participa el Gobierno del Estado. Cueto García señaló que varias de estas obras presentan retrasos derivados de la escasez de asfalto.
Detalló que el encarecimiento del petróleo, influido por los conflictos geopolíticos en Medio Oriente, ha impactado en la disponibilidad de este insumo y también en el precio del diésel, incrementando los costos de operación del sector transportista.
Las consecuencias ya son visibles. Según Canacar, unidades que anteriormente realizaban hasta tres viajes semanales entre la Ciudad de México y Nuevo Laredo, hoy apenas logran completar dos, debido a las horas perdidas en los congestionamientos.
La combinación de infraestructura deteriorada, obras inconclusas y lluvias constantes amenaza con profundizar las afectaciones en la Zona Industrial, un área estratégica para la actividad económica de San Luis Potosí que depende de una movilidad eficiente para mantener su competitividad.









