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Cuando el cáncer toca a la infancia, el Estado no puede mirar a otro lado…

LA VERDAD Y EL CAMINO

Por: Aquiles Galan.

Hablar de cáncer infantil es hablar de una de las realidades más duras que puede atravesar una familia. No se trata sólo de una enfermedad, sino de una carrera contra el tiempo, contra el diagnóstico tardío, contra la falta de acceso y contra la desigualdad. La Organización Mundial de la Salud estima que cada año 400 mil niñas, niños y adolescentes de 0 a 19 años desarrollan cáncer, y advierte que la supervivencia cambia de manera brutal según el país y las condiciones del sistema de salud. En los países de ingresos altos, más del 80% sobrevive; en muchos países de ingresos bajos y medios, menos del 30% lo logra.

Por eso, cuando hablamos de cáncer en la infancia, no podemos quedarnos en la palabra “prevención” como si todo dependiera de campañas o de buena voluntad. La OMS ha insistido en que el diagnóstico oportuno, el tratamiento adecuado y la continuidad de la atención son claves para salvar vidas. Dicho de forma más clara: cuando un niño enferma, el sistema de salud no puede fallar dos veces, primero al no detectar a tiempo y luego al no tratar de forma integral.

Esa es justamente la razón por la que los movimientos legislativos importan. No porque una ley cure por sí sola, sino porque obliga al Estado a ordenar lo que hoy muchas veces funciona de manera dispersa, lenta o insuficiente. En San Luis Potosí, la diputada local Frinné Azuara Yarzábal presentó la iniciativa para expedir la Ley para la Detección y Tratamiento Oportuno e Integral del Cáncer en la Infancia y la Adolescencia, con el objetivo de establecer lineamientos para el diagnóstico, registro, atención integral, tratamiento, rehabilitación, control y seguimiento de la enfermedad. El Congreso estatal ha informado que la propuesta fue turnada para su análisis.

Y aquí aparece una parte que importa mucho: la sociedad civil sí se movió. No se quedó viendo desde lejos. Diversas organizaciones acudieron al Congreso del Estado para entregar cartas de respaldo a la iniciativa, entre ellas la asociación Rescátame por Favor, Potosinos con Valor y la Vanguardia Juvenil Agrarista, además de otras agrupaciones vinculadas con salud, defensa de las infancias, colegios de pediatría y fundaciones.

Dentro de ese respaldo destaca la Dra. Ángeles Hermosillo, titular de Rescátame por Favor, quien participó en el pronunciamiento y subrayó que se ha trabajado en campañas contra el acoso escolar para apoyar a niñas y niños con cáncer. Su presencia le da al tema una dimensión humana y comunitaria: no sólo se trata de acompañar a las familias cuando ya existe el diagnóstico, sino de construir una red social que no abandone a quienes enfrentan la enfermedad.

También vale la pena decirlo con claridad: cuando organizaciones civiles, activistas y representantes sociales empujan en la misma dirección, no están haciendo adorno político. Están recordándole al poder que detrás de cada estadística hay un niño, una madre, un padre, una familia que no necesita discursos, sino ruta, atención y certeza. Y están señalando algo que el propio sistema suele olvidar: sin coordinación, sin seguimiento y sin presupuesto, la intención se queda en papel.

Además, el problema no es menor ni aislado. La Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer reportó en 2026 que el desarrollo de registros de cáncer infantil en México enfrenta retos como financiamiento irregular, inestabilidad del personal y dificultades para compartir información. Eso significa algo simple y grave: si no se cuenta bien el problema, se termina atendiendo mal.

Por eso esta iniciativa no debería leerse como un trámite más, sino como una exigencia moral y política. Porque el cáncer infantil no se combate con aplausos ni con frases conmovedoras. Se combate con detección temprana, con tratamiento continuo, con coordinación institucional y con una decisión pública que entienda que la infancia no puede esperar. Y cuando la sociedad civil ya empujó, cuando activistas como la Dra. Ángeles Hermosillo ya alzaron la mano y cuando organizaciones como Rescátame por Favor, Potosinos con Valor y la Vanguardia Juvenil Agrarista ya dieron respaldo, lo mínimo que puede hacer el Congreso es responder a la altura.