A 20 años de Pasta de Conchos, familias aún esperan justicia completa

Este 19 de febrero se cumplieron 20 años de la explosión en la mina Pasta de Conchos, ubicada en San Juan de Sabinas, una tragedia que marcó para siempre a decenas de familias. En aquel siniestro murieron 65 trabajadores de Industrial Minera México, propiedad de Grupo México, y 63 de ellos quedaron atrapados bajo tierra. Desde entonces, esposas, hijos y familiares han vivido entre el dolor, la espera y una exigencia constante: conocer la verdad y que se haga justicia.

Durante años, las autoridades argumentaron que el rescate era imposible por las condiciones de la mina, señalando riesgos, inundaciones y contaminación. Sin embargo, el panorama cambió durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, cuando se iniciaron trabajos para ingresar nuevamente al sitio. Cuatro años después de que la Comisión Federal de Electricidad asumiera las labores, se han recuperado los restos de 25 mineros, de los cuales 23 ya fueron identificados.

Para algunas familias, esto ha significado el cierre de una herida que permaneció abierta por dos décadas. Martha Iglesias es una de ellas. Su padre, Guillermo Iglesias, fue uno de los mineros fallecidos. Sus restos fueron extraídos el 4 de diciembre de 2024, pero la confirmación oficial llegó casi dos meses después. Martha recuerda ese momento como una mezcla de dolor y paz. Dice que recibir a su padre fue como recuperar una parte de su vida que había quedado suspendida desde aquella madrugada en que la explosión sacudió su hogar.

Martha tenía muy presente ese día. Era una mañana fría cuando sintió vibrar las ventanas de su casa. Con el paso de las horas, la noticia se confirmó: la mina había explotado y su padre no regresaría. Él tenía 58 años y experiencia en ese trabajo. Antes del accidente, había comentado que las condiciones dentro de la mina eran peligrosas y que faltaba ventilación adecuada. Por eso, su hija está convencida de que no se trató de un simple accidente, sino de una tragedia que pudo evitarse.

Incluso después de recuperar los restos, Martha sigue visitando la mina. Para ella, el rescate no solo representa el regreso de su padre, sino también una oportunidad para descubrir lo que realmente ocurrió. Asegura que muchos de los cuerpos han sido encontrados completos, lo que contradice versiones anteriores que afirmaban que habían sido destruidos. Esto refuerza su creencia de que hubo negligencia y que la verdad estuvo enterrada todo este tiempo.

No todas las familias han tenido esa oportunidad. María de Lourdes Aguilar Flores, viuda del minero Fermín Tavarez Garza, continúa esperando. Vive a pocos minutos de la mina y mantiene la esperanza de que uno de los restos recuperados recientemente sea el de su esposo. Su hijo tenía apenas un año cuando ocurrió la tragedia y creció sin conocer a su padre. Hoy, ya adulto, sigue preguntando si finalmente lo han encontrado.

Para Lourdes, estos 20 años han sido agotadores. Ha enfrentado promesas incumplidas, retrasos y la incertidumbre constante. Aun así, no pierde la fe. Dice que seguirá esperando lo que sea necesario. La recuperación de otros mineros le ha dado esperanza, pero también le recuerda el tiempo perdido y el vacío que dejó la tragedia en su familia.

Las familias coinciden en algo: recuperar los restos no es suficiente. Quieren respuestas. Quieren saber qué provocó la explosión y quiénes fueron responsables. Consideran que ver los cuerpos recuperados demuestra que el rescate siempre fue posible y que durante años se les negó esa oportunidad.

También reclaman que la empresa y las autoridades nunca asumieron completamente su responsabilidad. Aseguran que durante mucho tiempo se les dijo que no había nada que rescatar, pero los hallazgos actuales contradicen esas afirmaciones. Para ellos, cada cuerpo recuperado es una prueba de que la verdad sigue saliendo a la superficie.

Cristina Auerbach, integrante de la Organización Familia Pasta de Conchos, sostiene que todavía no se ha explicado claramente qué ocurrió ni se ha castigado a los responsables. Critica que se hable de la tragedia como un simple aniversario, cuando en realidad se trata de una herida abierta que sigue afectando a muchas personas.

A pesar del paso del tiempo, el dolor sigue presente. Para las familias, la lucha no ha terminado. Más allá del rescate de los restos, buscan justicia, verdad y que una tragedia así no vuelva a repetirse. Después de 20 años, su exigencia sigue siendo la misma: saber qué ocurrió realmente bajo tierra.

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