Aguas con el agua

Hoy se conmemora el Día Mundial del Teatro, pero en México la realidad parece más cercana a una puesta en escena permanente que a un ejercicio auténtico de cultura y reflexión. Porque si algo sobra en la vida pública, no es precisamente arte, sino simulación. El teatro, como expresión humana, nos confronta con la verdad. La política, en cambio, con demasiada frecuencia la disfraza.

Mientras se pronuncian discursos sobre cultura y valores, en los hechos el sector cultural sigue siendo marginado, reducido a un papel decorativo en la agenda pública. Eso sí: cuando se trata de grandes eventos, proyección mediática o cálculos electorales rumbo a 2027, los recursos aparecen sin mayor problema. La prioridad no es el desarrollo cultural, sino la rentabilidad política.

En este contexto, el reciente evento encabezado por el gobernador Ricardo Gallardo Cardona, bajo el programa Enchúlame la Colonia, vuelve a exhibir una constante, acciones visibles, sí; soluciones estructurales, no necesariamente.

Porque más allá de la intervención urbana, el tema que realmente importa sigue siendo el mismo: el agua. Un problema que no admite maquillaje. Durante meses, las bajas temperaturas ayudaron a disimular la gravedad de la crisis hídrica. Hoy, con el calor en ascenso, la realidad regresa con contundencia: San Luis Potosí enfrenta un problema serio de abastecimiento, y no hay señales claras de una solución de fondo.

Interapas se ha convertido en el ejemplo más evidente de un sistema que no funciona. Adeudos, fallas operativas, interrupciones constantes y una atención deficiente son solo síntomas de algo más profundo una estructura agotada. Y aunque se insista en culpar al pasado con razón en algunos casos, lo cierto es que el presente tampoco ofrece resultados contundentes.

El problema no es únicamente heredado; también es administrado. Y ahí es donde la discusión deja de ser técnica y se vuelve política. Porque no se trata solo de reconocer deficiencias, sino de corregirlas. De tomar decisiones que, aunque puedan tener costos políticos, resulten necesarias para evitar un colapso mayor.

Pero eso implica algo que escasea: visión de largo plazo. San Luis Potosí ha crecido, y lo ha hecho más rápido que su capacidad institucional para responder. Las dependencias están rebasadas, los servicios tensionados y la planeación, en muchos casos, ausente. Aun así, la dinámica pública sigue girando en torno a la inmediatez, al evento, a la foto.

Y mientras tanto, los problemas estructurales se acumulan. El riesgo es claro que la crisis del agua, como tantas otras, termine convertida en discurso de campaña. Que lo urgente se posponga hasta que sea políticamente rentable atenderlo. Que lo indispensable se negocie.

Pero hay temas que no admiten cálculo político. El acceso al agua es uno de ellos.San Luis Potosí no necesita más actos simbólicos ni soluciones parciales. Necesita decisiones de fondo, instituciones funcionales y, sobre todo, voluntad real para dejar de administrar problemas y empezar a resolverlos. Porque cuando la política se vuelve puro teatro, la realidad tarde o temprano termina por derrumbar el escenario.

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