Al rescate del corazón potosino

Por Héctor Pietrasanta.

El Centro Histórico de San Luis Potosí no sólo se camina: se hereda, se habita y también se deteriora cuando la autoridad y los propietarios dejan que el tiempo haga su trabajo sucio.

Por eso importa que el Ayuntamiento capitalino haya iniciado la rehabilitación de 43 fincas con valor histórico dentro del programa Centro Histórico, Corazón de San Luis. La intervención arrancó en la calle Guerrero y contempla trabajos en inmuebles ubicados dentro de las 29 manzanas del primer cuadro de la ciudad. Actualmente, de acuerdo con la información oficial, 15 edificios están en proceso de intervención y seis ya fueron concluidos.

La relevancia no está en que el alcalde Enrique Galindo hay dispuesto sólo pintar fachadas o mejorar la imagen urbana. Está en su afán de devolver condiciones de seguridad a peatones, habitantes y comercios; en evitar que una cornisa, un muro vencido o una finca abandonada terminen convertidos en riesgo público; y en entender que el patrimonio no puede tratarse como escenografía vieja, sino como infraestructura viva de la ciudad.

El urbanista danés Jan Gehl ha sostenido durante décadas que las ciudades exitosas no son las que construyen más concreto, sino las que logran que la gente vuelva a caminar, convivir y permanecer en sus centros urbanos. Bajo esa lógica, rescatar fincas históricas no es un asunto ornamental: es una estrategia de recuperación social. Cuando los centros históricos se abandonan, también se vacían de vida comunitaria, comercio local y sentido de identidad.

En México, especialistas en conservación patrimonial como Francisco Vidargas han advertido que el patrimonio histórico no puede entenderse únicamente como memoria arquitectónica, sino como un activo económico, cultural y social que debe mantenerse funcional para sobrevivir. Una finca cerrada, abandonada o colapsada no sólo representa una pérdida estética: termina afectando seguridad, movilidad, turismo y actividad económica.

El punto fino será que las obras no se conviertan en maquillaje. La coordinación con propietarios, especialistas en restauración y el acompañamiento del INAH será indispensable para que las intervenciones respeten las características originales de los inmuebles y no borren, por prisa o ocurrencia, aquello que justamente se busca preservar.

Poner “en forma” el Centro Histórico significa mucho más que embellecerlo. Significa recuperar movilidad, seguridad, comercio, turismo, memoria urbana y orgullo de pertenencia. Si Plaza de Armas, las calles tradicionales y las fincas antiguas vuelven a ser espacios dignos, San Luis gana algo más que una postal: recupera una parte de sí mismo.

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