El RADAR
Por Jesús Aguilar
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En San Luis Potosí parece que estamos a punto de abrir una vacante. No es un empleo cualquiera: se trata de la gubernatura del estado. Y, sin embargo, la discusión pública se ha reducido peligrosamente a una sola variable: el género. Como si gobernar fuera un atributo biológico y no una tarea de Estado.
Que sirva entonces este Radar como una convocatoria pública, una suerte de anuncio clasificado con humor negro, y construcción práctia para dejar claro —antes de que nos vendan candidaturas prefabricadas— qué requisitos debería cumplir quien aspire a gobernar San Luis Potosí.
Puesto: Gobernadora constitucional del estado de San Luis Potosí
Duración: Seis años (no prorrogables, aunque algunos actúen como si sí)
Responsabilidad: 2.8 millones de personas, un estado fracturado, un futuro en disputa.
Requisitos indispensables (no negociables)
- Preparación comprobable.
No títulos decorativos ni diplomas colgados para la foto. Formación sólida en administración pública, derecho, economía o políticas públicas. Gobernar no es improvisar ni aprender sobre la marcha con cargo al erario. - Experiencia real en el ejercicio del poder.
No basta con haber acompañado, heredado o administrado una franquicia política. Se requiere haber tomado decisiones, enfrentado crisis, dirigido equipos complejos y asumido costos políticos propios. Gobernar no es posar; es resistir. - Trayectoria política propia.
No se aceptan candidaturas forzadas. El estado no es una propiedad en transferencia ni un fideicomiso con endoso. La candidata debe tener historia política propia, no prestada. - Ascendencia social y legitimidad pública.
No confundir presencia mediática con liderazgo social. Se necesita reconocimiento genuino entre sectores diversos: empresarios, académicos, trabajadores, comunidades rurales, jóvenes, mujeres organizadas. Gobernar exige diálogo, no monólogo. - Empatía y sensibilidad social.
San Luis no es solo obra pública y discursos triunfalistas. Es crisis hídrica, inseguridad cotidiana, desigualdad regional y hartazgo ciudadano. La candidata debe conocer el estado más allá de los eventos protocolarios. Y tener soluciones prácticas que convenzan y con verdadera viabilidad. - Carisma con contenido.
El carisma vacío dura lo que dura una campaña. Se requiere autoridad moral, claridad discursiva y capacidad de persuadir sin gritar, de liderar sin imponer. - Transparencia personal absoluta.
Patrimonio claro, relaciones claras, conflictos de interés inexistentes o declarados. La candidata debe poder resistir el escrutinio público sin ampararse en el silencio, el victimismo o la persecución imaginaria. - Respeto institucional.
Comprensión plena del equilibrio de poderes, de la autonomía municipal, de los organismos constitucionales y de la prensa libre. Gobernar no es someter ni callar; es coordinar y rendir cuentas.
Advertencia final
La paridad es una conquista democrática, no un cheque en blanco.
Convertirla en coartada para el nepotismo, la improvisación o la continuidad disfrazada sería una traición no solo a la democracia, sino a las propias mujeres que han luchado por espacios de poder con mérito y capacidad.
Eso no le quita su derecho e ilusión a nadie, sin embargo es tiempo suficiente el 9 de enero de 2026 y correrán 514 días para la elección, suficientes para avanzar, crecer, prepararse y convencer de que sí merecen el puesto.
San Luis Potosí no necesita una gobernadora por obligación legal.
Necesita una gobernadora por capacidad política, por convicción social y por amor al estado. Nada menos.
Porque si el único requisito es ser mujer, entonces no estamos avanzando: solo estamos cambiando de envoltura el mismo viejo vicio del poder.
Y eso, por más que se maquille con discursos de modernidad, sigue siendo exactamente lo mismo.