Brasil y su receta para organizar una Copa Mundial de Futbol con la FIFA en contra

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En 2010, el comité organizador de la Copa del Mundo de Brasil 2014, eligió a siete personas para que diseñaran el logo del mundial carioca. Basándose en personas “variadas” y “selectas”, fueron elegidos: el presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) Ricardo Teixeirala, el Secretario Ejecutivo de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), Jerome Valcke, la modelo brasileña Gisele Bundchen, el diseñador Hans Donner, la cantante Ivete Sangalo, el arquitecto centenario Oscar Niemeyer y el escritor Paulo Coelho.

Cuatro años antes del puntapié inicial, las críticas llegaron para quedarse en torno al mundial de 2014. El logo fue dado a luz con severos cuestionamientos por parte de grupos de diseño que no entendían cómo en el grupo seleccionado había solo uno de los suyos, siendo el escritor Paulo Coelho el centro de los dardos que llegaban desde cualquier representación social.

El logo verde-amarello quedó en el olvidó conforme el comité iba anunciando nuevas acciones encaminadas a que todo estuviera listo para el verano mundialista. Las primeras y más fuertes críticas han llegado desde el máximo organismo que rige el futbol mundial. En las altas esferas de la FIFA, el proyecto que los organizadores han planteado lo consideran insuficiente.

“A Brasil le falta de todo para poder de ser la sede de un Mundial. Es necesario construir estadios, carreteras, sistemas de telecomunicaciones, aeropuertos y ver incluso si hay realmente capacidad suficiente de hoteles”, declaró el francés Jerome Valcke, Secretario General de la FIFA a medios brasileños durante 2010. Desde ese año, Valcke ha sido la principal piedra en el zapato para los brasileños.

LA PIEDRA EN EL ZAPATO

Con las 12 sedes seleccionadas, vinieron los estatutos de FIFA a plantarse en suelo mundialista modificando del todo las rutinas cotidianas. A lo largo de la historia, la organización del mundial es una complejidad. Países desarrollados o no, sucumben ante las peticiones del organismo mundial de futbol que en un santiamén modifica el paisaje, todo en pos de la comodidad necesaria para los futuros asistentes.

Las críticas que el francés Valcke hacia el país más ganador de copas mundiales llegaron hasta los oídos del entonces presidente Luis Inácio Lula Da Silva. El mismo día de las declaraciones del alto dirigente de la FIFA, el carismático líder latinoamericano arremetió contra el organismo deportivo, recalcando el papel de Brasil en el mundo. “Terminó el Mundial de Suráfrica y ya comienzan a decir: ¿en dónde están los aeropuertos brasileños? ¿en dónde están los corredores de autobuses brasileños? ¿en dónde están los corredores de tren de Brasil? Es como si fuésemos un bando de idiotas que no supiésemos hacer las cosas y definir nuestras prioridades”, declaró Da Silva en una intervención pública.

“La prioridad de Sudáfrica en 2010 fue organizar el mundial y no ganarlo, pero parece que en Brasil sólo piensan en ganarlo y eso hay que cambiarlo”, declaró Valcke un año después a la cadena brasileña Globoesporte. El dirigente francés añadió: “Lamento decir que Brasil no está haciendo bien la cosas y la dirigencia de la organización necesita una patada en el culo debido a lo poco que están haciendo”.*

logo

Con Valcke encima, la presión rompió los buenos modales del sector político de Brasil. En 2012, el Ministro de Deportes del país sudamericano, Aldo Rebelo, mostró su coraje hacia la FIFA pidiendo tomar medidas extremas a las declaraciones “desatinadas” y fuera de lugar y realidad” del señor Jerome Valcke. “El gobierno no puede tener más al secretario general como interlocutor. La interlocución no puede realizarse a través de quien emite declaraciones descuidadas, intempestivas, declaraciones de esa naturaleza.”, criticó Rebelo.

Romario de Souza se convirtió en ídolo brasileño en 1994. El goleador que definía con la punta después de un pique explosivo que dejaba atrás hasta el más férreo defensa, fue la figura en el mundial de Estados Unidos y alzó la cuarta copa en la historia de Brasil tras ganarle la final a Italia en el Rose Bowl, en plena tarde calurosa californiana.

El “Chapulín” desfiló por las canchas con gran despliegue técnico. Su principal aporte al juego fue la formidable manera de definir con el arco enfrente. Romario jugó hasta entrados los 40 y según sus matemáticas contabilizó mil goles al igual que el Rey Pelé. El delantero se retiró del foco habitual de los futbolistas para pasar a otra luz mucha más espesa y molesta.

Cuando las miradas de odio se dirigían a Suiza, donde están las oficinas centrales de la FIFA, Romario volvió a ser portada de las secciones deportivas. El ahora Diputado del Partido Socialista Brasileño (PSB) arremetió fuertemente contra la organización que dirige Joseph Blatter por las presiones hacía el sector político de su Brasil. “La FIFA viene aquí, monta un Estado dentro de nuestro Estado, y se va a ir con entre dos y tres mil millones de dólares en ganancias. ¿Y después qué? ¿qué pasará con estos ‘elefantes blancos’, los estadios en los cuales se han gastado casi dos mil millones? Ese dinero podía haberse gastado en educación, salud, cosas que son mucho más importantes para nuestro país”, declaró a la BBC británica el ex jugador.

Con el tiempo de la FIFA en contra, el comité organizador sigue estirando sus defensas en pos del próximo mundial. “No tenemos plan B”, declaró Blatter. Brasil organizará la copa del mundo en 2014 sin duda alguna. En 15 días, la Copa Confederaciones hará que el simulacro desnude o elimine todas las dudas que se tienen alrededor con el arranque del torneo. La pelota rodará para los románticos del juego, mientras que los ojos juiciosos analizarán cada rasgo sin importar goles o quien alce la copa.

Foto: Twitter

Romario vs la FIFA. Foto: Twitter

 

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