Canadá abrió la puerta a la importación de vehículos eléctricos fabricados en China con un arancel preferencial, decisión que permitirá el ingreso de hasta 49 mil unidades al año bajo el esquema de nación más favorecida, con una tasa del 6.1 por ciento. La medida forma parte de una estrategia más amplia del gobierno canadiense para diversificar su comercio y atraer nuevas inversiones.
El primer ministro Mark Carney explicó que este volumen equivale a menos del tres por ciento del mercado automotriz nacional y representa niveles similares a los registrados en 2023. Además, aseguró que una parte creciente de estos automóviles corresponderá a modelos de menor costo, con precios de importación por debajo de los 35 mil dólares, lo que ampliaría las opciones para los consumidores canadienses.
Carney también señaló que el acuerdo contempla la posibilidad de que empresas chinas inviertan en Canadá para la producción local de vehículos eléctricos en los próximos años. Añadió que los términos serán revisados después de tres años, como parte de un seguimiento para evaluar su impacto en el mercado interno.
La decisión canadiense generó críticas desde Estados Unidos. El representante de Comercio estadounidense, Jamieson Greer, calificó la medida como “problemática” y advirtió que Canadá podría lamentarla en el futuro. En entrevistas con medios financieros, sostuvo que los aranceles en Estados Unidos buscan proteger a los trabajadores y a la industria local frente a la competencia de autos chinos.
Greer afirmó además que, como parte de las negociaciones, Ottawa habría buscado beneficios arancelarios para su sector agrícola, lo que, a su juicio, podría no resultar favorable a largo plazo para Canadá.
El acuerdo se dio en el marco de la reciente visita de Mark Carney a China, la primera de un primer ministro canadiense en casi diez años, tras un periodo marcado por tensiones comerciales y políticas entre ambos países. El gobierno canadiense busca ahora normalizar el intercambio bilateral en un entorno global caracterizado por disputas comerciales y ajustes en las cadenas de suministro.
En el ámbito agroalimentario, Carney informó que China planea reducir significativamente los aranceles a la colza canadiense, que pasarían de 84 a alrededor del 15 por ciento. También indicó que productos como guisantes, langostas y cangrejos quedarán exentos de aranceles considerados discriminatorios, al menos hasta finales de este año.
Según estimaciones oficiales, estas medidas podrían traducirse en cerca de tres mil millones de dólares en nuevos pedidos de exportación para agricultores, pescadores y procesadores canadienses. Aunque el acuerdo aún es preliminar, el primer ministro afirmó que existe un alto grado de confianza en su implementación.
Finalmente, Carney destacó que el sector agroalimentario es uno de los pilares históricos de la relación bilateral con China, recordando que las exportaciones agrícolas canadienses a ese país superan los siete mil millones de dólares anuales, y confió en que este entendimiento ayude a destrabar obstáculos que han afectado durante años a distintos productos del sector primario.