Centros municipales de SLP ahora serán de “Desarrollo y Aprendizaje”: una apuesta por el conocimiento permanente

El Cabildo de San Luis Potosí aprobó esta semana un cambio que, a simple vista, podría pasar desapercibido: los “Centros de Desarrollo Comunitario y Vinculación” ahora se llamarán “Centros de Desarrollo y Aprendizaje”. Pero reducirlo a un ajuste de nomenclatura sería quedarse en la superficie. En realidad, lo que está en marcha es un intento —todavía en construcción— de redefinir el papel del conocimiento en la vida pública de la ciudad.

La decisión está directamente vinculada con la incorporación de la capital potosina a la Red de Ciudades del Aprendizaje de la UNESCO. Y aquí conviene detenerse: esta red no es un distintivo ornamental. Es, en palabras de la propia UNESCO, un modelo que impulsa a las ciudades a “movilizar todos sus recursos para promover el aprendizaje inclusivo, desde la educación básica hasta la formación a lo largo de toda la vida”.

Dicho de forma más clara: una ciudad del aprendizaje no es la que tiene más escuelas, sino la que convierte cada espacio en una oportunidad de formación. Ahí está el primer gran porqué.

En México, durante décadas, la educación se entendió como un proceso limitado a la infancia y la juventud. Pero el mundo cambió. Hoy, la capacidad de aprender constantemente es lo que define la posibilidad de adaptarse, de conseguir empleo, de emprender, de no quedarse atrás.

El sociólogo y pensador Zygmunt Bauman lo explicaba con precisión: “En un mundo líquido, el conocimiento envejece más rápido que las personas”. Es decir, lo que sabemos hoy puede dejar de servir mañana. Y por eso, el aprendizaje permanente dejó de ser una opción para convertirse en una necesidad.

Bajo esa lógica, los centros municipales adquieren un nuevo significado. Ya no son solo espacios de asistencia social o actividades comunitarias: pueden convertirse en la infraestructura más cercana que tiene el ciudadano para reinventarse.

Un joven que no terminó la preparatoria. Una madre que quiere aprender habilidades digitales. Un trabajador que necesita actualizarse para no perder su empleo. Un adulto mayor que busca seguir activo intelectualmente. Todos caben en esa idea de ciudad.

El problema —y aquí entra el segundo porqué— es que en México existe una distancia histórica entre el diseño de políticas públicas y su ejecución real. Cambiar el nombre de los centros es una señal política. Pero lo que determinará su valor es lo que ocurra dentro: programas, instructores, herramientas, medición de resultados.

El especialista en educación Andreas Schleicher, responsable de las pruebas PISA en la OCDE, lo resume con una frase contundente: “La educación ya no se trata de lo que sabes, sino de lo que puedes hacer con lo que sabes”. Y eso implica algo fundamental: no basta con enseñar, hay que generar capacidades reales.

Por eso este movimiento del Cabildo no debería leerse solo como un acto administrativo, sino como una señal que puede —si se toma en serio— impactar en tres niveles clave:

1. Movilidad social
En un entorno donde las oportunidades no son iguales para todos, el acceso al aprendizaje continuo puede ser el factor que rompa ciclos de desigualdad.

2. Economía local
Una ciudad que capacita a su gente es una ciudad más competitiva. Más preparada para atraer inversión, generar emprendimiento y adaptarse a los cambios del mercado.

3. Tejido social
El aprendizaje también cohesiona. Reduce la exclusión, fortalece la participación y genera sentido de pertenencia.

En paralelo, el Cabildo aprobó pensiones para trabajadores municipales, en una decisión presentada como parte de una política de justicia laboral. Este punto, aunque distinto, dialoga con la misma lógica de fondo: una ciudad que apuesta por el aprendizaje también debe garantizar condiciones dignas para quienes la sostienen.

Porque al final, el verdadero fondo de todo esto no está en la UNESCO, ni en el Cabildo, ni en el nombre de los centros. Está en si logramos convertir San Luis Potosí en un lugar donde aprender no sea un trámite, sino un derecho que se ejerce a lo largo de toda la vida. Esa es la apuesta. Esa es la verdadera transformación.

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