El jitomate, uno de los cultivos hortícolas más importantes de México, enfrenta grandes desafíos por el estrés hídrico y la salinidad, factores que reducen su germinación, crecimiento y rendimiento final. Esto impacta directamente la seguridad alimentaria y la participación de México en los mercados de exportación, donde la competitividad del tomate mexicano se ha visto afectada por aranceles en Estados Unidos y precios internacionales deprimidos.
Frente a este escenario, José Guadalupe Hernández Rodríguez, estudiante de séptimo año del Departamento de Fitotecnia de la Universidad Autónoma de Chapingo (UACh), sentó las bases para desarrollar un jitomate tolerante al estrés hídrico y a altas concentraciones de sales. Su investigación, titulada “Evaluación de la tolerancia a los efectos del estrés hídrico en genotipos de jitomate (Solanum lycopersicum)”, busca garantizar la sostenibilidad del cultivo en regiones afectadas por sequías prolongadas y degradación de suelos.
El estudio se llevó a cabo en dos fases: primero en laboratorio (agosto-diciembre 2024), evaluando la germinación de 10 genotipos bajo estrés salino inducido, y luego en invernadero (enero-junio 2025), donde se examinó el desarrollo de las plántulas bajo riego normal y estrés hídrico. Bajo la tutela del doctor José Luis Rodríguez de la O, los resultados confirmaron diferencias significativas entre los genotipos y destacaron su potencial para resistir la sequía.
Entre los materiales genéticos más resistentes se identificaron los genotipos MACIZO, SS2 y L52, que demostraron mayor tolerancia a estrés salino e hídrico. Aunque estas variedades no se distinguen visualmente en los mercados —ya que sus nombres corresponden a su clasificación genética—, su calidad se refleja en frutos más firmes, con color uniforme y mayor vida de anaquel, beneficiando tanto a productores como a consumidores.
El desarrollo de estos genotipos permitirá a futuro ofrecer jitomates de mejor calidad, cultivados con menor consumo de agua y mayor estabilidad productiva, fortaleciendo la seguridad alimentaria frente a escenarios climáticos cada vez más adversos.
La relevancia de esta investigación también se aprecia en el contexto nacional: según el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), la superficie cosechada de jitomate en 2025 disminuyó 6.7%, lo que se tradujo en una caída de 4.6% en la producción nacional, de 3.20 a 3.05 millones de toneladas. Las exportaciones también registraron un descenso del 4.2%, con ventas al exterior por 2,239 millones de dólares, afectadas por aranceles y precios mínimos de referencia que limitaron la negociación de los productores.
Ante estas cifras, la innovación genética y el desarrollo de jitomates resistentes al estrés hídrico y salino se convierten en una estrategia crucial para mantener la competitividad del cultivo en México, garantizar el abastecimiento interno y asegurar la calidad del producto que llega al consumidor.