El abstencionismo electoral en el Estado de México no es un fenómeno aislado ni reciente, sino el reflejo de una profunda desconexión entre la ciudadanía, los partidos políticos y los gobiernos. Así lo concluye el estudio La Participación Ciudadana Durante los Comicios para Gubernatura en el Estado de México en el periodo 2021-2023, elaborado por el Instituto Electoral del Estado de México (IEEM) y El Colegio Mexiquense.
De acuerdo con la investigación, la desconfianza hacia los partidos políticos es el factor que más influye en la decisión de no votar. A esta percepción se suma el desencanto con los gobiernos, a los que la población considera poco eficientes y alejados de las necesidades reales de la gente. El estudio advierte que esta combinación ha generado una crisis de credibilidad institucional que afecta directamente la participación democrática.
Uno de los hallazgos más relevantes se registró en Toluca, capital del estado, donde una de cada tres personas no se siente identificada con el Estado de México. Esta falta de identidad territorial se traduce en baja disposición para involucrarse en los asuntos públicos y en los procesos electorales. En contraste, en otras regiones de la entidad el sentido de pertenencia es mayor, aunque no necesariamente se refleja en una participación activa.
El análisis también revela que existe una percepción generalizada de que partidos y gobiernos forman una misma estructura distante de la ciudadanía. Al no cumplir con sus promesas ni representar adecuadamente a la población, los institutos políticos arrastran consigo el descrédito de las administraciones que emanan de ellos. Además, se detectaron deficiencias constantes en la comunicación de propuestas, programas y perfiles de candidaturas.
En cuanto a identidad partidista, el rechazo más alto se concentra en el PRI, seguido por una desaprobación general hacia todos los partidos, lo que evidencia un crecimiento del apartidismo. Morena y el PAN también registran niveles importantes de rechazo en distintos municipios. Este desapego es más notorio entre mujeres y personas adultas jóvenes, quienes expresan mayor escepticismo hacia los partidos tradicionales.
La investigación, basada en encuestas aplicadas a 666 personas de distintas regiones del estado, señala que siete de cada diez ciudadanos califican con el nivel más bajo su confianza en los partidos políticos. En contraste, los institutos electorales obtienen una percepción relativamente mejor, aunque todavía limitada. Según datos del Inegi, apenas 22.3% confía en los partidos, frente a 51.5% que confía en las autoridades electorales.
Otro factor clave es la falta de información. El estudio concluye que cuando la ciudadanía conoce mejor a las candidaturas y sus propuestas, mejora la percepción de representación y aumenta la probabilidad de participación. Sin embargo, la mayoría de las personas considera insuficiente la información disponible durante los procesos electorales, especialmente en zonas urbanas con alta densidad poblacional.
La eficiencia gubernamental también juega un papel determinante. Nueve de cada diez encuestados consideran que los gobiernos no atienden adecuadamente las necesidades ciudadanas o que podrían hacerlo mejor. Esta percepción es más crítica entre personas con estudios universitarios o de posgrado, quienes muestran mayor distancia con la política institucional.
Para las autoridades electorales, los resultados del estudio funcionan como una radiografía del momento democrático que vive la entidad. Reconocen un desgaste en las expectativas depositadas en el sistema político y una creciente desafección que no puede atribuirse únicamente a la ciudadanía, sino a la falta de corresponsabilidad entre partidos, gobiernos y sociedad civil.
Finalmente, el documento advierte que el abstencionismo también es una forma de protesta y expresión de inconformidad. Ante ello, propone fortalecer la educación cívica, mejorar la comunicación política, garantizar mayor acceso a la información y diseñar estrategias conjuntas para recuperar la confianza ciudadana y fomentar una participación más activa en la vida democrática del Estado de México.