Estela Ambriz Delgado
El Observatorio Indígena Mesoamericano (OIM) hace un llamado a que las comunidades continúen organizándose para la defensa del territorio y el agua frente a la amenaza del fracking, por lo que invita a la población a un encuentro regional el próximo 8 de marzo a las 9:00 horas, en la comunidad indígena de San José de Pequetzen del municipio Tancanhuitz.
El evento organizado por las autoridades agrarias y civiles, se llevará a cabo en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, abordando el tema de la pretendida técnica para extracción de hidrocarburos, con énfasis en la reivindicación de los derechos de las mujeres indígenas.
El integrante del OIM, Juan Felipe Cisneros Sánchez, destacó la importancia de participar en este encuentro, dado que la extracción de hidrocarburos representa una amenaza directa para el equilibrio ecológico y social de la región.
Puntualizó que hay tres pilares fundamentales que son vulnerados: en primer lugar, el tejido social y demográfico, pues el proyecto en el Plan Estratégico de Pemex 2025-20235 afecta directamente a 3 mil 268 localidades, habitadas mayoritariamente por comunidades de origen tének y nahua.
Estas poblaciones ya enfrentan barreras históricas de pobreza y marginación, por lo que la pérdida de sus medios de subsistencia tradicionales como la agricultura de pequeña escala y el acceso a recursos naturales, agudizaría esta vulnerabilidad, empujándolos a condiciones de vida aún más críticas.
En segundo lugar, el activista menciona el colapso del sistema hídrico, dado que la extracción de hidrocarburos pone en peligro directo a mil 019 cuerpos de agua, entre ríos, manantiales, y acuíferos. Además de que los procesos de extracción requieren grandes volúmenes de agua y conllevan altos riesgos de contaminación por químicos, lo que comprometería la salud pública y la agricultura local.
Como tercer punto hace mención de la pérdida del patrimonio natural, pues la técnica devastadora afecta a la biodiversidad, que es la riqueza más importante de la zona; sumado a que la alteración del suelo y la degradación de los ecosistemas no son eventos aislados, sino que forman una reacción en cadena.
Cisneros Sánchez apunta que la decisión del Gobierno Federal de avanzar con este modelo extractivista parece ignorar el principio de soberanía territorial de los pueblos indígenas.
“Cuando el Estado prioriza la extracción sobre la preservación de la vida básica de sus ciudadanos más vulnerables, no sólo estamos ante un problema ambiental, sino ante una grave ruptura de los derechos humanos”.
Concluyó que la Huasteca no es una zona de sacrificio, es un ecosistema vivo y una cultura milenaria que requiere protección, no explotación.