¿Cuándo deja de ser contagioso el sarampión? Esto debes saber

La mejor forma de evitar la propagación del sarampión es la vacunación, ya que permite que el organismo tenga defensas contra el virus y reduce el riesgo de contagios masivos. Cuando la mayoría de la población cuenta con este esquema, también se protege a quienes son más vulnerables, como bebés, adultos mayores o personas con sistemas inmunológicos debilitados. Además, completar las dosis recomendadas ayuda a disminuir la circulación del virus y evita complicaciones graves.

Una persona que contrae sarampión suele recuperarse en un periodo aproximado de dos a tres semanas. En los primeros días aparecen síntomas como fiebre alta, tos, escurrimiento nasal y enrojecimiento de los ojos, los cuales pueden durar cerca de una semana. Después surge el sarpullido, que comienza en el rostro y se extiende al resto del cuerpo, permaneciendo visible durante varios días antes de desaparecer. Tras superar la enfermedad, el cuerpo desarrolla protección permanente contra el virus.

El aislamiento es una medida fundamental para evitar que la infección se transmita a otras personas. El paciente debe permanecer en un espacio ventilado, limitar el contacto con otras personas y evitar visitas, especialmente de mujeres embarazadas, bebés y adultos mayores. En caso de salir por una emergencia médica, es importante utilizar mascarilla y reducir al máximo el contacto cercano con otros.

El sarampión es altamente contagioso debido a que el virus viaja en pequeñas gotas que se expulsan al hablar, toser o estornudar. Estas partículas pueden permanecer en el aire o sobre superficies durante un tiempo, lo que aumenta el riesgo de que otras personas se infecten si respiran el mismo ambiente o tienen contacto indirecto.

Una persona enferma puede transmitir el virus desde cuatro días antes de que aparezca el sarpullido hasta cuatro días después de que las manchas se hacen visibles. Esto significa que el contagio puede ocurrir incluso antes de que el paciente sepa que está enfermo, lo que facilita la propagación si no se toman medidas preventivas.

Esta capacidad de transmisión temprana convierte al sarampión en una enfermedad que requiere atención inmediata. Las personas cercanas que no cuentan con protección tienen un alto riesgo de contagiarse si conviven en el mismo espacio. Por ello, reconocer los síntomas a tiempo, aislar al paciente y mantener medidas de higiene son acciones clave para cortar la cadena de contagio y proteger a la comunidad.

Compartir ésta nota:

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp