El domingo 22 de febrero se produjo la Secretaría de la Defensa Nacional dio a conocer que, en coordinación con el Centro Nacional de Inteligencia, la Fiscalía General de la República, el Ejercito y Guardia Nacional detuvieron en un municipio de Jalisco a Nemesio Oseguera líder del Cartel JNCG en lo que hasta ahora se descrito como un operativo exitoso que pone al Estado Mexicano en su lugar de legitimo poseedor del ejercicio del violento poder que es la respuesta armada contra la criminalidad.
Hasta hace algunos años estos operativos seguirían siendo una contradicción toda vez que las fuerzas armadas no fueron concebidas para actuar dentro del propio territorio. Saavedra Salazaren su abordaje sobre la evolución del concepto de seguridad nacional establece que esta se define como la capacidad de un Estado para defender sus intereses nacionales contra intromisiones del exterior.
Allí el autor advertía que determinados fenómenos criminales: la delincuencia organizada, el narcotráfico, el terrorismo, sumado a contextos derivados de un mundo hiperconectado, dígase aquí los grandes movimientos migratorios, las pandemias o el calentamiento global, provocarían modificaciones teóricas interesantes pudiendo ser más complicado para quien analiza estos temas, la distinción entre la seguridad nacional, la de carácter público y la ciudadana, mucho más reciente.
Por tanto, en términos estrictos de seguridad nacional, un enfrentamiento armado realizado por el ejército que tuvo pocas bajas y dio con la captura de un oponente puede señalarse como un éxito. Pero luego viene todo lo demás.
Se presume que la acción se realizó a partir de diversas investigaciones de orden penal, siguiendo a la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada además de las que hubiera en Estados Unidos, es decir, de no haber muerto estaríamos ante un escenario jurídico con la persona en calidad de detenido, sea que lo extraditaran o decidieran que rindiera cuentas ante la justicia de México.
Así, el que dicha persona perdiera la vida no es un éxito, es imposible reimponer el Estado de Derecho siendo que no podrán cumplirse los fines constitucionales del proceso penal para las víctimas afectadas por sus actos: esclarecer los hechos, proteger al inocente, procurar que el culpable no quede impune y que los daños causados por los delitos, se reparen.
El periodista Alberto Nájar, narró en 2016 para la BBC: “Cuando Calderón asumió el poder, en México existían 4 grandes carteles de narcotráfico, Sinaloa, Golfo, Juárez y la Familia Michoacana. Hoy el panorama es otro, son 6 las organizaciones con presencia en 24 de los 32 estados del país según datos de la DEA”.
En su momento el entonces presidente prometió hacer prevalecer el derecho por encima de la violencia y el reproche a su trayectoria son 100 mil personas muertas y más de 26 mil desaparecidos que fueron denominadas un “daño colateral”.
La retórica partidista desde la llegada de Andrés Manuel López Obrador en 2018 se sustentó en dos o tres puntos repetidos hasta las náuseas: los gobiernos anteriores son una “herencia maldita” que trajo violencia e inseguridad, Felipe Calderón como presidente hizo mal al priorizar su estrategia de guerra contra el narcotráfico, nosotros seremos mejores, no mentir, no robar no traicionar al pueblo.
La muerte de un liderazgo que consiguió entreverar el poder de sus redes criminales auspiciando políticos en todo México y que prosperó como ninguno en la “estrategia” de abrazos y no balazos, nos deja sin respuestas, no sabremos quien mintió, robó o traicionó, pero sí que él no vivía una existencia a escondidas y tan tuvo en cuenta la posibilidad del fin de sus acuerdos que habría dado la instrucción de paralizar el país.
Daño colateral, eso volvieron a ser las y los mexicanos este fin de semana, para quienes nos lean fuera del país, se trató de una sensación similar a ir a ciegas encima de la montaña rusa, retirar la venda para verse en caída libre en un riesgo que al día de hoy nadie consigue medir o atemperar.
Aquí a diferencia de estadounidenses, españoles, rusos o alemanes a quienes sus países sí les proveyeron estrategias para enfrentar escenarios de violencia armada, no recibimos nada y la carencia absoluta de criterios dirigidos a proteger a la población civil tampoco es un éxito, es un mensaje: el mexicano es prescindible en su propia tierra, carne de cañón.
La embajada norteamericana reportaba alerta de actividad criminal en Puerto Vallarta, Chapala, Guadalajara, Tijuana, Tecate, Ensenada, Cancún, Cozumel, Playa del Carmen, Tulum, Nuevo Nayarit, Sinaloa, Colima, Guanajuato, Guerrero, Estado de México, Michoacán, Nuevo León, Oaxaca, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí, Tamaulipas, Veracruz y Zacatecas.
En días posteriores reportes de periodistas como Ioan Grillo informan del secuestro de autobuses, vehículos de transporte de carga y de particulares para incendiarlos y cerrar las carreteras, destrucción de tiendas y farmacias, ataques armados contra corporaciones policiacas y soldados, un cálculo que el Gobierno Federal calcula en 252 incidentes en 20 de 32 entidades.
La excusa de no emitir un mensaje institucional por parte de la Presidencia de la República so pretexto de que las cosas no se hacen como antes, encontró a Sheinbaum asomada por la ventana de un vehículo enviando los focos a las autoridades de seguridad y renunciando al liderazgo discursivo.
Ya no hablamos de una joven rebelde de izquierda que reniega del poder, a cierta edad y con una deseada madurez política, gústele o no está haciendo exactamente lo que nuestro vecino del norte quiere, mal hecho no aprovechar la parte de dominio que le correspondía, la ciudadanía no buscaba la explicación de Claudia como persona, sino de la institución que representa, dejarla a su suerte es especialmente dañino para la congruencia de este gobierno.
Nos ha dejado solos como nunca.
Claudia Espinosa Almaguer
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