El asesinato a golpes de niño latino en Los Ángeles enciende focos rojos: ¿En dónde estaba la autoridad?

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En la foto del periódico aparece con una sonrisa entre tímida y traviesa y en sus pequeños ojos oscuros se adivina un aire de melancolía. Vestido con un pantalón deportivo, una camiseta blanca con franjas azules y zapatos tenis, a simple vista se podría decir que se trata de un niño con una vida normal. Pero la vida de Gabriel Fernández estuvo lejos de haber sido normal.

El pasado 24 de mayo, según Los Angeles Times, el pequeño de sólo ocho años falleció a causa de la golpiza que le dio el novio de su madre y que lo dejó con el cráneo fracturado, tres costillas rotas y la piel con moretones y quemaduras. Lo más traumático del caso es que, a pesar de las numerosas evidencias de que el pequeño Gabriel era víctima en su propio hogar de abusos y torturas, quienes pudieron haber hecho algo para evitar su muerte prefirieron cruzarse de brazos. Los registros del Departamento de Servicios para Niños y Familias del Condado de Los Ángeles indican que los trabajadores de esta institución recibieron varias denuncias del horrendo maltrato al que era sometido Gabriel tanto por su madre, Pearl Fernández, como por el novio de ésta, Isauro Aguirre. Gabriel Fernández.

 

Gabriel Fernández. Foto: Video de televisión

 

Las denuncias se registraron a partir de octubre del año pasado, poco después de que Gabriel dejara la casa de unos parientes para irse a vivir con su madre. La maestra del niño reportó que el niño se había presentado a clases con la cara llena de moretones provocados por los golpes que le había dado su mamá con la hebilla de un cinturón. Al siguiente mes, la misma maestra reportó que Gabriel había llegado con el labio inflamado porque su madre le había pegado. En enero de este año, la profesora denunció nuevamente que el pequeño tenía la cara hinchada y con hematomas. Y el pasado marzo una terapeuta advirtió que el menor había expresado deseos de suicidarse y que probablemente había sido asaltado sexualmente por un familiar.

Ninguna de estas denuncias, sin embargo, prendió los focos rojos en el Departamento de Servicios para Niños y Familias del Condado de Los Ángeles. Por razones inexplicables, ninguno de los trabajadores sociales a cargo del caso actuó para salvar a Gabriel a sabiendas incluso de que su mamá había pertenecido a pandillas y era adicta a las drogas. Hoy la madre del niño y su pareja están acusados de asesinato y tortura. Por su parte, el director del Departamento de Servicios para Niños y Familias, Philip Browning, acepta que el sistema le falló a Gabriel, pero hasta ahora no ha entablado acción alguna para castigar a los trabajadores implicados ni ha anunciado algún tipo de medida correctiva para prevenir otra tragedia.

Por desgracia, el caso de Gabriel no es único.

Esa institución tiene un largo historial de haberle fallado a muchos niños cuyas vidas han quedado truncadas por la ineptitud y falta de entrenamiento de sus empleados, lo cual es indignante e inadmisible. Solamente a través de un castigo ejemplar para todos los que fallaron y de la aplicación de nuevos programas de entrenamiento y supervisión se hará justicia y podrá evitarse que otro inocente sufra el mismo destino que Gabriel.

 http://www.sinembargo.mx/04-06-2013/644289

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