El Radar
Por Jesús Aguilar
Desaparecieron 7 electricistas en el altiplano potosino, el fantasmagórico drama de la inseguridad otra vez se apoderó de muchas familias en una zona muy difícil de resolver hisóricamente y que exige paz.
Se recuperan en horas con vida y salud y el propio Gallardo está en el sitio con ellos, encabezando un operativo múltiple que termina en éxito.
Lo ocurrido en Matehuala no es un episodio más de inseguridad: es un punto de inflexión.
Viene después la detención del jefe de la policía municipal —presuntamente vinculado al plagio— no sólo exhibe una falla institucional; revela una de las formas más peligrosas de captura del Estado: cuando quienes deben proteger, participan.
Y eso, en términos políticos, es otra cosa.
¿Caso aislado o síntoma estructural?
Matehuala no es un municipio cualquiera.
Es puerta del altiplano, nodo carretero, zona de paso de mercancías… y desde hace años, territorio disputado.
No es la primera vez que ahí se encienden focos rojos.
La historia reciente lo confirma: desde el asesinato de un alcalde electo en 2012 hasta la presencia de grupos criminales que operan secuestro, tráfico y control territorial.
Por eso lo ocurrido con los electricistas no puede leerse como un evento aislado.
Siete trabajadores que llegan a laborar… desaparecen… y terminan en manos de un grupo criminal que, según testimonios, buscaba reclutarlos.
Ese dato es clave:
Ya no sólo es violencia… es reclutamiento forzado, una de las fases más avanzadas del control criminal.
Y en medio de ese escenario, aparece un elemento demoledor:
el jefe policiaco local, detenido por presuntos vínculos con los responsables.
La pregunta no es menor:
¿cuántas capas institucionales estaban contaminadas?
El mensaje del Estado y la lógica del poder
Aquí hay que separar con precisión quirúrgica.
Primero, el hecho:
El gobierno estatal despliega más de 600 elementos, activa operativos, presiona y logra la localización con vida de los trabajadores.
Segundo, el gesto político:
El propio gobernador aparece, encabeza, comunica y asume control de la crisis.
Eso no es casualidad.
Es una narrativa de autoridad.
En un país donde muchas veces el Estado llega tarde, aquí hubo una intención clara de mostrar presencia, coordinación y resultado.
Y luego viene el golpe más fuerte:
la detención del jefe policiaco.
Ese movimiento tiene doble filo:
• Por un lado, es un mensaje contundente de cero tolerancia
• Por el otro, confirma que la infiltración ya estaba dentro
No es un triunfo limpio.
Es un triunfo que exhibe la herida.
San Luis en la excepción…
Hay que decirlo con claridad, sin concesiones:
San Luis Potosí ha logrado, hasta ahora, mantenerse en mejores condiciones que estados vecinos golpeados por violencia sistemática.
No es un estado colapsado.
No es Tamaulipas.
No es Zacatecas en su peor momento.
Pero casos como Matehuala son advertencias tempranas.
Porque cuando un jefe policiaco cae por vínculos criminales, lo que está en juego no es un cargo…
es la credibilidad del sistema de seguridad completo.
El gobierno estatal actuó.
Sí.
Y actuó con rapidez.
Pero la verdadera prueba no fue encontrar a los electricistas.
Lo que sigue es usar ése poder que sí tienen para:
• depurar corporaciones
• reconstruir confianza
• cerrar los espacios de infiltración
Se tiene que hacer una purga para que el mensaje cambie:
Ratificar que el Estado es fuerte…
y que claramente puede más que el crimen.
Y eso en el México bronco del 2026, sería un cierre sexenal tremendamente exitoso.