El Huasteco: MUCHO dinero, espectáculo y poca política

El Radar por Jesús Aguilar

X @jesusaguilarslp

El fin de semana, Gerardo Sánchez Zumaya, conocido como “El Huasteco”, reunió a un número considerable de simpatizantes en la capital potosina.

No fue un evento partidista formal.
Fue algo distinto: una demostración de presencia política y económica.

Con excesos (no sabemos si naturales o no), se tenía que meter entre guaruras al evento y luego al podio. 

Podrán sus miles de detractores de los oficialismos que no valió para mucho, pero sí vi caras reales de cierta ilusión.

En San Luis Potosí, donde casi todos los aspirantes dependen de estructuras partidistas, presupuestos públicos o padrinazgos políticos, Sánchez Zumaya intenta construir una narrativa distinta:

la del empresario que puede financiar su propio movimiento.

Pero ese relato tiene una cara incómoda.

EL ORIGEN DEL DINERO

Sánchez Zumaya saltó al radar nacional como proveedor de Petróleos Mexicanos (Pemex).

Investigaciones periodísticas han señalado que empresas vinculadas a él obtuvieron contratos millonarios con la petrolera, algunos por más de 500 millones de pesos en los últimos años. 

A partir de esos contratos surgieron denuncias que hoy siguen siendo parte del expediente público:

• Denuncias ante la Fiscalía General de la República (FGR) por presunto lavado de dinero y defraudación fiscal. 

• Investigaciones periodísticas que lo vinculan con redes de empresas factureras y operaciones financieras inusuales

El contexto de estas investigaciones suele mencionarlo dentro del fenómeno conocido como “huachicol fiscal”, un esquema de fraude en el comercio de combustibles que busca evadir impuestos mediante importaciones fraudulentas. 

Hasta hoy, sin embargo, no existe una sentencia judicial definitiva.

Y ese vacío legal es precisamente el espacio donde su carrera política sigue avanzando.

LA POLÍTICA DEL DERROCHE

Pero hay otro elemento que explica su presencia pública: la ostentación económica como estrategia política.

En distintos momentos de su vida pública, Sánchez Zumaya ha organizado eventos que parecen más cercanos al espectáculo que a la política.

Uno de los más comentados fue el bautizo de su hijo, donde según muchas fuentes habría contratado al cantante Emmanuel para amenizar la celebración y reunió a figuras de la política regional y nacional.

Este tipo de celebraciones —de alto costo y alto perfil— forman parte de una narrativa muy particular:

la del poder económico exhibido sin pudor.

Un fenómeno que se ha vuelto recurrente en algunos sectores empresariales vinculados al negocio energético.

Por eso el contraste resulta inevitable con lo ocurrido este fin de semana en México con los extravagantes XV años de la hija de otro proveedor multimillonario de Pemex, una fiesta que encendió la conversación nacional sobre el nuevo estilo de riqueza que rodea a ciertos empresarios ligados al poder político.

La lógica es la misma.

Fiestas monumentales como símbolo de poder.

EL CONTEXTO POLÍTICO

El empresario de origen huasteco ha intentado convertirse en actor político en más de un estado.

Entre los datos más relevantes:

• Buscó posicionarse como aspirante a la gubernatura de Tabasco

• Ha mantenido vínculos con actores políticos del sureste, incluido el círculo cercano al exgobernador tabasqueño Adán Augusto López Hernández

En San Luis Potosí, su estrategia ha sido diferente:

no depender de un partido…
sino construir una base propia de influencia política y social.

Eso explica su presencia constante en eventos públicos, reuniones y movilizaciones.

EL FRENTE INTERNO EN MORENA

Aquí aparece otro elemento clave.

En el tablero político potosino, Sánchez Zumaya ha dejado ver su intención de competir por la candidatura a gobernador rumbo a 2027.

Pero dentro de Morena tiene un obstáculo evidente:

Rita Ozalia Rodríguez Velázquez, dirigente estatal del partido.

En los círculos políticos locales se comenta con insistencia que desde el entorno digital de Sánchez Zumaya han surgido campañas de ataque contra ella:

• cuentas automatizadas

• campañas en redes

• publicaciones en portales digitales con financiamiento opaco

Nada de eso está judicialmente probado.

Pero forma parte del clima político que rodea la disputa interna por la candidatura.

Y la pregunta inevitable es si, mientras se acerca a Morena buscando la candidatura, al mismo tiempo está erosionando a su principal rival dentro del partido.

LA PARADOJA DEL HUASTECO

Aquí aparece la contradicción.

A pesar de denuncias, señalamientos y polémicas, Gerardo Sánchez Zumaya sigue ganando espacio político.

Y la razón es incómoda para el establishment potosino:

porque hace lo que muchos políticos tradicionales ya no pueden hacer.

• moverse sin partido

• financiar sus propias estructuras

• convocar gente sin depender del gobierno

En una política cada vez más controlada por burocracias partidistas, un actor con dinero, narrativa y audacia puede convertirse en un factor disruptivo.

LO QUE NO SE ESTÁ DICIENDO

El problema para San Luis Potosí no es solo quién es Gerardo Sánchez Zumaya.

El problema es qué tipo de política representa.

Una política donde el poder económico se exhibe sin pudor.

Donde los eventos parecen más conciertos que reuniones políticas.

Y donde la pregunta central sigue sin respuesta:

si ese dinero es simplemente riqueza empresarial…
o si forma parte de las zonas grises del nuevo poder económico alrededor del negocio energético en México.

O aún peor… ¿Estará ligado a otros oscuros círculos de poder?

Porque cuando el poder se presume en eventos políticos, derroche en fundaciones que justifiquen sin auditoría pública lo que gastan, fiestas monumentales, artistas contratados y espectáculos privados… 

la política corre el riesgo de convertirse en una pasarela de dinero.

Y eso, tarde o temprano, termina pasando factura a la democracia.

Y lo único que podemos ver que ha gastado Sánchez Zumaya “por San Luis Potosí”, es saliva y muchísimo dinero que no sabemos cómo logró obtener.

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