El matrimonio abierto, mucho más que solo sexo

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Recuerdo el día de mi boda como si hubiera sido ayer. Mi padre y yo empezamos a caminar por el pasillo en el patio de la casa de mi niñez y Chris me deslumbró con la sonrisa más amplia que había visto en mi vida. Todos los demás desaparecieron en ese momento. Eso fue hace casi 20 años.

Nuestro matrimonio ha sido más satisfactorio de lo que habría imaginado. Sin embargo, después de dos décadas, ¿a quién no le intrigaría la idea de tener relaciones sexuales con una persona diferente?

Un nuevo sitio de citas por internet, Open Minded, está creando revuelo porque no está diseñado para personas infieles, sino para personas que quieren relaciones abiertas. De acuerdo con su fundador, los hombres y las mujeres buscan parejas románticas fuera de su matrimonio con mayor frecuencia y quieren ser sinceros al respecto.

Hace unos años, mi esposo y yo pensamos en tener un matrimonio abierto.

Chris y yo nos conocimos en 1994; nos comprometimos pronto y nos casamos en 1996. Al igual que todas las relaciones, la nuestra ciertamente ha tenido aventuras; hemos vivido varios cambios profesionales, posgrados, mudanzas, iniciamos una familia, creamos una comunidad de amigos y perdimos a muchos seres queridos por el cáncer, el suicidio y el correr del tiempo.

No hay nada más emocionante que las primeras semanas o meses de una relación. Tus neurotransmisores están a todo lo que dan, el solo pensar en esa persona puede provocar un estallido de dopamina en tu cuerpo y tan solo ir juntos a la tienda es la cita más ardiente que puedas imaginar. Es la droga más fuerte del planeta.

Pero la verdadera pregunta no es “si querrías” tener relaciones sexuales con personas ajenas a tu matrimonio, sino: “¿podrías manejarlo?”.

Hace dos años eso fue precisamente lo que Chris y yo exploramos. Empezó un domingo como cualquier otro. Leíamos el periódico y bebíamos café mientras nuestros tres hijos dormían. Esa mañana, el artículo de portada de la revista dominical del New York Times era Las virtudes de la infidelidad, en el que se argumentaba que ser infiel podía fortalecer tu matrimonio. Lo devoré y luego se lo pasé a Chris. Cuando terminó de leerlo, me miró y dijo: “¿Qué opinas?”.

Pasamos casi tres horas en la terraza, hablando y considerando la posibilidad, las implicaciones y las tácticas que requeriría tener un matrimonio abierto.

¿Querrías saber con quién estoy acostándome? ¿Cómo te protegerías y me protegerías? ¿Está prohibido hacerlo con la gente a la que conocemos? ¿Es una cosa de una vez o te puedes ver en una relación duradera con un amante?

A lo largo de los años, hemos tenido varias conversaciones sobre sexualidad, pero ninguna tan seria como esta. No se parecía a las muchas veces que hemos hablado de que la monogamia no es natural, sino que requiere esfuerzo. O de nuestras listas de “encuentros sexuales permitidos”.

O de por qué las personas infieles lo son porque en el fondo buscan distraerse de su vida. Esto parecía más a estar parados en el borde de un acantilado, incitando al otro a saltar. Pensé que yo era socialmente liberal hasta que pensé en compartir a mi esposo con alguien más.

Podrías pensar, como lo hice yo, en que el matrimonio abierto simplemente significa que estás abierto a tener sexo con otras parejas. Pero conforme ahondábamos en la realidad, en los deseos y en los temores que vienen con el territorio, nos dimos cuenta de que no es tan sencillo.

Cuando sales de tu matrimonio y entras en la cama de otra persona, podrías pensar que es “solo sexo”, pero en realidad invitas a esa persona a entrar en tu vida, cosa que probablemente ocurra.

Estarás en tu cocina, con tu cónyuge, cuando aparezca un mensaje de texto en tu teléfono. “¿Estás libre el sábado?”. Irás en tu auto con tus hijos cuando una canción te recuerde a tu amante. De repente estará allí en el auto, contigo.

Lo que descubrí sobre mí fue interesante. Lo que realmente me molestaba no era la idea de que Chris tuviera sexo con alguien más. Incluso puedo reconocer que imagino a una supermodelo de Victoria’s Secret con él… de hecho, me excita.

Lo que me perturbó fue darme cuenta de que a pesar de que puedes segmentar el aspecto físico del sexo en tu mente, no puedes separar la verdadera intimidad de la vida real. La idea de que un desconocido tuviera acceso a nuestra vida, a nuestra familia, a nuestro mundo y el poder que ello representa… me mató del susto… y a él también.

Tener un orgasmo con un desconocido ya no parecía excitante ni satisfactorio: parecía peligroso.

Sí, consideramos un matrimonio abierto y decidimos que por ahora, el nuestro seguirá siendo cerrado.

Si te has preguntado si el matrimonio abierto funciona (y en realidad, quién no lo ha hecho), te reto a que hables de ello con tu cónyuge. Si eres honesto, de mente abierta y escuchas, te sorprenderá lo que aprenderás sobre ti, sobre tu vida y sobre tu matrimonio.

A final de cuentas, ya sea que decidas dormir con otras personas o que planees disfrutar a tu pareja por el resto de tus días, la verdadera definición de un matrimonio abierto no tiene nada que ver con el sexo.

Fuente: CNN.

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