El Radar por Jesús Aguilar
En San Luis Potosí hoy no está en juego un escándalo.
Está en juego algo más serio: la posibilidad real de que exista una oposición competitiva frente al poder dominante.
En términos estrictamente electorales, el único partido que todavía le “pesa” al Partido Verde en el estado es el PAN. Morena crece —y lo hace con velocidad exponencial— pero aún no desplaza al panismo como la marca opositora con mayor arraigo histórico y estructura territorial. Del PRI, que gobernó la entidad durante más de ocho décadas, queda poco más que nostalgia administrativa y estructuras dispersas.
Ese es el dilema de fondo:
si el PAN se recompone, hay competencia.
Si el PAN se repliega sobre sus viejos errores, el tablero se inclina hacia un modelo de hegemonía prolongada.
En ese contexto irrumpe un movimiento que merece análisis, no rumorología: la “nueva” dirigencia nacional encabezada por Jorge Romero estaría ensayando una reconciliación con el clan de los Azuara en San Luis Potosí.
Y ahí comienza el verdadero problema.
La memoria corta como estrategia
Los Azuara no son una corriente marginal en la historia reciente del panismo potosino. Fueron parte central del grupo que terminó por fracturar al partido, provocar deserciones, desgastar liderazgos y conducirlo a una de sus debacles contemporáneas más severas.
Su influencia no fue menor ni episódica.
Fue estructural.
Hoy, además, el contexto es distinto. No se trata solamente de una disputa interna de corrientes. El apellido Azuara aparece vinculado políticamente a Gerardo Sánchez Zumaya, empresario huasteco con ambiciones políticas, militante de Morena y señalado como parte de los nuevos capitales que emergieron alrededor del eje huachicolero ligado al grupo de Adán Augusto López.
Apoyar otra vez, o “arreglarse” con el clan encabezado por Xavier Azuara es además morderse la lengua ante la “furiosa” y poca efectiva nueva posición opositora panista nacional.
No estamos ante una pugna ideológica clásica.
Estamos ante una posible intersección de intereses.
Si esa reconciliación es real —o incluso si solo es verosímil— lo que se pone en duda es la consistencia ética del PAN como alternativa al poder dominante.
El efecto dominó: Verónica Rodríguez y el tablero local
En medio de este reacomodo aparece una figura clave: la senadora Verónica Rodríguez, actual dirigente estatal panista y en su momento bastión del azuarismo.
Su posición es compleja.
Si la dirigencia nacional decide reactivar esa corriente, Rodríguez deja de ser árbitro y vuelve a ser parte de una ecuación que muchos militantes consideraban superada. Más aún: ese movimiento parece desplazar del tablero a Enrique Galindo, quien representaba una ficha con capital político propio y capacidad de negociación transversal.
El mensaje implícito es delicado:
el PAN estaría apostando por regresar a la lógica de grupo antes que a la reconstrucción institucional.
Y eso tiene consecuencias.
Porque el panismo potosino no perdió solo por estrategia electoral. Perdió por agotamiento interno, por falta de cohesión y por una narrativa incapaz de conectar con el presente.
Si la solución es volver al punto de origen, el resultado puede ser el mismo.
Lo que realmente está en juego
No se trata de simpatías personales ni de filias internas.
Se trata de arquitectura política.
San Luis Potosí vive un momento de transición prolongada. El Verde gobierna con abrumadora solidez, Morena crece, el PRI se diluye y de Movimiento Ciudadano nadie puede decir nada con certeza. En ese ecosistema, la única manera de equilibrar el poder es que exista una oposición con identidad clara y autonomía real.
Un PAN percibido como permeable a intereses cruzados —o peor aún, a capitales vinculados indirectamente con la órbita del oficialismo federal— deja de ser contrapeso y se convierte en satélite.
Y cuando no hay contrapeso, la democracia se vuelve trámite.
La revancha contra Galindo.
El alcalde reelecto con las siglas del PAN es el principal candidato opositor a la gubernatura, pero su rompimiento con los Azuara fue no solo una medida práctica para ejercer el poder real y no solo el partidista, ahora le quieren volver a “levantar” la canasta y dudo que sea con buenas intenciones.
Si Jorge Romero sabe realmente que estaría siendo ingenuo cómplice de una revancha innecesaria y negra ya está marcando su tumba como legítimo dirigente panista, si no lo sabe es compinche potencial de una nueva extorsión.
La decisión silenciosa
La pregunta que debería hacerse la dirigencia nacional no es si conviene pactar para ganar posiciones.
La pregunta es si conviene hipotecar la credibilidad para recuperar control.
Porque la política potosina ha demostrado que el electorado castiga más la incoherencia que la derrota.
Y en este punto, la historia reciente pesa.
El PAN tiene una última oportunidad de redefinirse como alternativa o resignarse a ser un actor de negociación periférica. Morena seguirá creciendo. El Verde seguirá consolidando estructura. El vacío no se mantiene neutro.
La decisión no es táctica.
Es existencial.
El Radar está encendido.
Porque en política, a veces lo más importante no es quién regresa,
sino qué demuestra el partido al permitirlo.
RECADERO
*El Rector de la UASLP Alejandro Zermeño Guerra me comentó en entrevista radiofónica que ayer miércoles 25 de septiembre su institución comenzó a declararse en pago a proveedores porque ni les han pagado los más de 170 millones pendientes de convenios anteriores, ni han recibido un peso de los nuevos convenios con la federación y el estado.
La UASLP recibe solo 16 de cada 100 pesos de parte del gobierno estatal y el resto del gobierno federal. Paralelamente la Auditoría Superior de la Federación les reconoció como una de las pocas Universidades estatales del país que tienen un altísimo cumplimiento de su manejo financiero y control interno… Con eso, se acaban las especulaciones sobre el mal manejo de su andamiaje financiero, sin embargo sin recurso no habrá nada que administrar…
*La reacción del Gobernador Ricardo Gallardo ante la presentación en un power point de la reforma electoral de la Presidenta Sheinbaum fue clara, no quedo mal con la Presidenta, pero marco mi distancia con MORENA, una postura que retrata lo que su “hermano” Manuel Velasco ha generado ya con su lapidaria frase, de “hemos aprobado 38 de las 40 iniciativas de la Presidenta, somos sin duda más leales que muchos de MORENA”…