El precio internacional del petróleo registró un fuerte repunte superior al 5 por ciento y superó los 113 dólares por barril, impulsado por la escalada del conflicto en Oriente Medio y los ataques a infraestructura energética clave en la región.
El alza responde a una cadena de eventos que ha elevado la tensión global: ataques a instalaciones de gas en Irán y represalias contra infraestructuras energéticas en Qatar y Arabia Saudita, lo que ha encendido las alarmas sobre posibles interrupciones en el suministro mundial de energía.
En este contexto, el barril de Brent llegó a cotizar por encima de los 119 dólares durante la jornada, aunque posteriormente se estabilizó en torno a los 113 dólares, reflejando la volatilidad extrema que atraviesan los mercados energéticos.
La preocupación central gira en torno al riesgo de una crisis energética global, ya que algunas de las instalaciones afectadas —como complejos gasísticos en el Golfo Pérsico— representan una parte significativa del suministro mundial.
Además, el conflicto amenaza rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del petróleo global, lo que podría agravar aún más la presión sobre los precios en caso de interrupciones prolongadas.
El impacto ya se refleja en los mercados internacionales: bolsas a la baja, aumento en el costo del gas y expectativas de inflación energética, especialmente en Europa y Asia, regiones altamente dependientes de importaciones.
Este repunte marca una tendencia acelerada en las últimas semanas, en las que el crudo ha pasado de niveles cercanos a los 70-90 dólares a superar nuevamente la barrera de los 100, en una dinámica directamente ligada a la incertidumbre geopolítica.
El encarecimiento del petróleo vuelve a colocar presión sobre la economía global, al tratarse de un insumo clave que impacta en combustibles, transporte, alimentos y prácticamente toda la cadena productiva.