El renacimiento de Elba Esther

Uso y costumbre del presidencialismo priísta, al iniciar cada sexenio ocurría una baja en la clase política que, por analogía, solía relacionarse con la soviética nomenclatura y, como tal, ejecutaba sus purgas. En el regreso del PRI a la Presidencia, con Enrique Peña Nieto –pues la impericia con Vicente Fox y la debilidad con Felipe Calderón suspendieron la costumbre–, la purga se reeditó en el encarcelamiento de Elba Esther Gordillo Morales.

El manotazo cumplía dos propósitos: eliminar un obstáculo y enviar el mensaje de que al nuevo mandatario no le tiembla la mano para hacerse respetar. Su efecto era inmediato en la sumisión y obediencia que, sin embargo, duró poco tiempo al peñismo pues vio su desgaste y caída irreversible, apenas cumplido se segundo año.

Si en 2013 y 2014, gobernadores, legisladores y dirigentes de los partidos opositores al PRI, acataban toda disposición presidencial, para 2015 su decadencia se precipitaba. Resultó tan mal presidente que ni los otrora infalibles métodos del priísmo, le salieron bien.

El plan era como de manual: sacar a Elba Esther de toda ecuación política; generar un cacicazgo sindical obediente y a modo; usar la Reforma Educativa, no sólo como una medida de carácter laboral vía evaluación, sino concentradora de los fondos presupuestales del magisterio. Lo intentaron con tanta obstinación que, mediante controversias constitucionales, arrancó a los gobernadores toda herramienta financiera de control, asunto este último de primera importancia y que suele estar ausente en los discursos críticos al modelo.

La relevancia de ese control presupuestal radica en lo que el magisterio sabe hacer en operaciones electorales. Pero tener el control presupuestal del magisterio nacional no es suficiente, porque hay una acción política con estructura piramidal sin la cual todo recurso resulta insuficiente.

Esa estructura era imposible de permear, porque encumbraron a Juan Díaz de la Torre, hombre gris, anodino, sin influencia en la pirámide, que si bien servía para aceptar toda imposición gubernamental, era ineficaz, considerado traidor en las cúpulas magisteriales y aun más en la base por legitimar el despojo de conquistas laborales y de empleos. Incapaz de sostenerse por sí en el magisterio, de no ser por el aval del peñismo que, como está dicho, muy temprano perdió influencia.

La pirámide poco a poco se reagrupó desde las dirigencias seccionales y un sector del comité nacional en torno a Elba Esther Gordillo y sus leales, abiertos como el exdirigente sindical Rafael Ochoa Guzmán, discretos como Alfonso Cepeda Salas, el secretario general del SNTE, y con su nieto René Fujiwara, cuyas Redes Sociales Progresistas (RSP), fueron visibles en prácticamente todo acto de campaña de Andrés Manuel López Obrador, e invisibles en la operación de las “Secciones Prioritarias”, aquellas donde siempre ganaba el tabasqueño pero con menos votos de los que le tocaban. Movilizaron en campaña y “el Día D”.

Dos objetivos tenía Elba Esther, de venganza pero sobretodo de poder: desfondar al Panal con las RSP, para así contribuir a dañar la estructura priísta que tan bien conoce. El Panal entrará en liquidación, por su minúscula representación y el PRI está en la lona.

Viejo el axioma: en política sólo se muere para renacer… y de eso sabe el lopezobradorismo hoy triunfante en su respectiva trayectoria, tanto como el elbismo en la suya.

Lo que sigue es convertir las RSP en partido político –el nuevo Panal de Gordillo– y retomar el control del SNTE que, en febrero pasado estuvo a punto de concretarse con Cepeda Salas, y sólo fue un paso entretenido por la operación débil aunque suficiente del peñismo a favor de su entenado Juan Díaz.

Cambio de piel, siglas y algunos nombres, para refundar conforme al plan de Elba Esther, una añeja influencia.

 

Proceso

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