El Radar
Por Jesús Aguilar
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El gobernador Ricardo Gallardo Cardona decidió vetar la reforma electoral local conocida popularmente como la “Ley Esposa”. Lo hizo con una narrativa de prudencia institucional: evitar leyes a modo, abrir el debate, escuchar todas las voces. En el papel, el gesto parece una rectificación. En la política real, es otra cosa.
El veto no fue improvisado ni producto de un súbito arrebato democrático. Fue un cálculo. Uno que mezcla viabilidad jurídica, control del daño político y, sobre todo, operación rumbo a 2027.
Se pusieron las cartas sobre la mesa, las de Palacio Nacional, las de MORENA, las de su partido central y las de su intención dinástica, los resortes de la oposición y la necesidad de despresurizar.
El problema de origen: paridad llevada al extremo
La iniciativa pretendía garantizar que en la elección de la gubernatura de San Luis Potosí solo pudieran postularse mujeres. El objetivo declarado era atender una deuda histórica con la paridad. El problema es que el mecanismo elegido cruzaba una línea delicada: la exclusión absoluta de los varones del derecho a competir.
En términos constitucionales, la paridad es un principio de corrección, no de cancelación. Cuando una medida afirmativa se convierte en prohibición total, entra en conflicto con derechos políticos elementales: el de votar y ser votado y el de la libre competencia democrática. Ese diseño hacía a la reforma altamente impugnable y con altas probabilidades de caer en tribunales.
Gallardo lo entendió a tiempo. Vetar la ley fue evitar una derrota jurídica futura que habría tenido costos políticos inmediatos.
El riesgo mayor: convertirse en símbolo nacional
Pero el veto no se explica solo por el derecho. La “Ley Esposa” dejó de ser un asunto local cuando empezó a leerse como una reforma diseñada para allanar una sucesión específica. Ahí cambió todo. La narrativa de paridad fue desplazada por la sospecha de un traje a la medida.
En un contexto nacional donde el discurso contra el nepotismo y las herencias políticas es central, sostener esa reforma habría colocado a San Luis Potosí en el centro de una polémica incómoda para el gobierno estatal y, sobre todo, para cualquier posible aliado nacional.
El veto desactivó esa bomba antes de que explotara.
El Verde, Serrano y el arte de bajar el volumen
En este proceso, el papel del coordinador del Partido Verde en el Congreso, Héctor Serrano, fue clave. No para confrontar, sino para amortiguar. Su discurso no buscó defender la ley a ultranza, sino normalizar el repliegue: presentar el veto como una decisión responsable, no como un fracaso.
Ese tono revela algo importante: el gallardismo no está en modo confrontación, sino en modo administración del poder. Se baja el volumen del tema, se evita el desgaste y se preserva el margen de negociación.
Ya hicieron lo que quisieron sin peros hasta ahora, pero esta decisión atraviesa los sexenios e influye en los ajustes mecánicos de la intermedia para Sheinbaum.
2027: la elección que ya se está jugando
El veto también cumple una función estratégica central: no cerrar la puerta a una alianza con Morena. Con la reforma vigente, esa alianza se volvía incómoda, costosa y difícil de justificar a nivel nacional. Con el veto, el tablero se limpia.
Gallardo cede en lo formal para ganar en lo esencial. Y lo deja claro cuando afirma que no necesita ninguna ley para ganar la elección de 2027. Ese mensaje no es bravata; es señal de confianza en una estructura territorial y política que se considera suficiente.
La sucesión, en esta lógica, no se legisla. Se negocia.
El verdadero saldo
El veto a la “Ley Esposa” no cancela la discusión sobre paridad, pero sí deja una lección clara: cuando una causa legítima se mezcla con una sucesión anticipada, pierde fuerza jurídica y legitimidad política.
Gallardo optó por evitar ese escenario. No por altruismo, sino por supervivencia política. Y en política local, sobrevivir con control suele equivaler a seguir mandando.
A veces, recular es la forma más eficaz de avanzar. Y cuidado, se inaugura también una temporada de caza políticos de todos colores, las otras guerras del hambre… de poder ya iniicaron en el Potosí.