El zoológico del poder (Manual therian para entender la política potosina)

El Radar por Jesús Aguilar

En TikTok y foros digitales se multiplican los therians: personas que dicen identificarse espiritualmente con un animal. No es cosplay; es identidad simbólica. Algunos lo viven como juego, otros como revelación.

Y mientras las redes se llenan de colas imaginarias y orejas espirituales, en San Luis uno se pregunta:

¿Y si nuestros políticos ya fueran therians… pero sin decirlo?

Porque hay campañas que parecen ritual de apareamiento.

Hay ruedas de prensa que suenan a canto territorial.

Y hay sesiones legislativas que recuerdan más a una reserva natural que a una república.

No es insulto. Es metáfora.

Y a veces la metáfora explica más que el boletín.

Decidir: ¿gobierna el proyecto… o el instinto?

Cuando el debate público se simplifica en aplauso o abucheo, aflora lo primario: marcar territorio, mostrar fuerza, defender manada.

La política deja de ser deliberación y se convierte en exhibición.

Y ahí es donde aparece el zoológico.

Así que aquí viene el bestiario político potosino de 2026.

Ricardo Gallardo Cardona — El pollo de corral dominante.

No es ave de vuelo alto, pero nadie ocupa el espacio como él. El pollo verde no necesita planear: coloniza. Está en cada evento, en cada programa, en cada fotografía. No cacarea sin cálculo. Su fuerza es la presencia permanente. El riesgo del pollo no es la debilidad: es la saturación. Cuando todo es pluma, el mensaje se diluye.

Enrique Galindo Ceballos — El búho institucional.

No corre, observa. No grita, documenta. El búho vive cómodo en el expediente, en la cifra, en la estrategia técnica. Su problema no es capacidad: es percepción. El ciudadano no siempre distingue entre prudencia y distancia. Pero cuando oscurece el debate, el búho suele ver lo que otros no y cuando decide atacar mata.

Héctor Serrano Cortés — El zorro diplomático.

Aquí hay que decirlo con precisión: el colmillo y la habilidad. Sabe cuándo avanzar, cuándo negociar y cuándo desaparecer del cuadro. En política, sobrevivir es un arte. Y el zorro no sobrevive por suerte.

Verónica Rodríguez Hernández — La gata de azotea.

Elegante, territorial y siempre lista para el salto discursivo. Puede estar quieta… hasta que detecta movimiento oficialista. Pero anda más en otras azoteas que en la propia.

Juan Carlos Valladares Eichelmann — El caballo de exhibición.

Buena estampa, paso firme, pedigree visible. Corre mejor cuando la pista es amplia y la audiencia observa, aunque nunca ha corrido una pista de verdadera presión y competencia…

Gabino Morales Mendoza — El tejón ideológizado.

Excava y no soltó “su territorio”, hoy el problema es con qué cara saca la cabeza. Puede no ser el más popular del bosque, pero nadie lo acusa de abandonar la madriguera.

Carlos Arreola Mallol — La hiena del pueblo.

Su mordida puede ser letal sin embargo, aulla demasiado y alerta. Se debate entre la carroña de sus congéneres y la disputa del trono de la sabana.

Rita Ozalia Rodríguez Velázquez — La loba de manada.

La “segunda matriarca” que navega en aguas turbulentas. El liderazgo no siempre se mide por volumen, sino por cohesión, pero su camada está llena de oportunistas.

Sara Rocha Medina — El camaleón veterano.

Ha visto cambiar el clima más de una vez. Y sigue ahí. Adaptarse también es una forma de poder aunque sea la conversión del rojo sangre PRI al carmesí manchado de Verde.

Rubén Guajardo Barrera — El perro guardián.

Vigila, ladra cuando detecta amenaza y no abandona su esquina ideológica.

Aunque es leal, nunca se sale de su papel.

Guadalupe Torres Sánchez — El lobo operador.

No siempre aparece en la foto, pero entiende perfectamente cómo se mueve la manada.

Conoce las rutas para perderse de otros depredadores e impone su ley sin cortapisas.

Manuela García Cázares — La lechuza judicial.

Silencio prolongado, mirada fija. Cuando actúa, no necesita espectáculo.

Aunque ya ha generado condiciones suficientes para dudar si sigue siendo apta para mantenerse en la rama.

Juan Manuel Navarro Muñiz — El gallito feliz.

Aprende rápido en el mismo corral verde. Canta temprano para que nadie dude del territorio. Lo entrenan los más colmilludos galleros pero a veces le ponen mal la navaja y le ponen en aprietos pagando peleas que no son suyas.

Ignacio Segura Morquecho — El pavo real estratégico.

El plumaje importa. Y sabe exhibirlo cuando la temporada electoral lo exige. Verde en todas las tonalidades abre sus alas y busca seducir potenciales militantes sí o sí en las 4 regiones.

Consolidar: La selva no es la república

La sátira divierte, pero la pregunta es seria.

En la selva gana el más fuerte.

En la democracia debería ganar el mejor proyecto.

Si la política se reduce a instinto, espectáculo y defensa territorial, terminamos votando por plumaje, no por rumbo.

Tal vez el fenómeno therian nos recuerda algo incómodo: todos tenemos un animal interior.

Pero gobernar exige algo más evolucionado que el instinto.

Exige carácter.

Y eso —a diferencia de las plumas, las garras o el colmillo— no se finge

Postdata.

Mención aparte tienen el armadillo hasta los dientes de Gerardo Sánchez Zumaya, el zorrillo Azuara, el jabalí Bautista o algún viejo pájaro nalgón que sigue lucrando con humo…

Hasta pronto animalitos de la creación…

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