Las fuerzas de defensa de Israel, en coordinación con Estados Unidos, lanzaron a primeras horas de este sábado una ofensiva militar masiva contra varios objetivos en la República Islámica de Irán, en lo que gobiernos aliados describieron como una operación “preventiva” para neutralizar amenazas percibidas y presionar a Teherán sobre sus ambiciones estratégicas y nucleares.
El ataque incluyó bombardeos aéreos y misiles dirigidos a instalaciones militares, infraestructura crítica y zonas urbanas en ciudades como Teherán, Isfahán y Tabriz, donde se escucharon explosiones y se observaron columnas de humo elevándose sobre los centros urbanos.
Autoridades israelíes, encabezadas por el ministro de Defensa, calificaron la operación como un esfuerzo para “eliminar amenazas que ponen en riesgo la seguridad” de Israel, mientras el primer ministro llamó a la movilización de la población y declaró estado de emergencia inmediato en territorio israelí.
La participación estadounidense fue confirmada por diversos informes que señalan la ejecución de ataques en conjunto con las fuerzas israelíes, aunque los detalles de la extensión y el papel exacto de las fuerzas estadounidenses continúan bajo evaluación.
Irán reaccionó de inmediato con contraataques de misiles y drones dirigidos contra posiciones israelíes así como instalaciones militares de Estados Unidos en países del Golfo Pérsico, incluidos bases en Bahréin, Kuwait y Qatar, según reportes desde la región.
La escalada bélica se produce en medio de tensiones acumuladas en los últimos meses en torno al programa nuclear iraní y tras intentos fallidos de negociaciones diplomáticas con Estados Unidos. Las explosiones y sirenas de alerta obligaron a civiles tanto en Israel como en países vecinos a buscar refugio y provocaron el cierre temporal de espacios aéreos.
La comunidad internacional ha reaccionado de manera diversa: mientras la Unión Europea llamó al respeto del derecho internacional y urgió a una desescalada, algunos países aliados respaldaron la acción con reservas sobre la estabilidad regional y la protección de civiles.
La situación sigue siendo altamente volátil, con riesgos crecientes de un conflicto prolongado que podría extenderse más allá de los escenarios actuales y desencadenar repercusiones políticas y humanas en todo Oriente Medio.