LA CAPITAL NO SE HEREDA: SE CUENTA

El Radar
Por Jesús Aguilar

En política todos presumen fuerza. Unos enseñan encuestas; otros, fotografías. También hay apellidos, cargos y reuniones oportunamente filtradas. Pero cuando se abre el acta de cómputo, la política deja de ser literatura y se convierte en aritmética.

Enrique Galindo ganó la capital en 2024 con 195 mil 530 votos, 47.04 por ciento de los 415 mil 708 sufragios emitidos. Fue una victoria clara, aunque no una mayoría absoluta: 52.96 por ciento eligió otra candidatura o anuló su voto.

La ventaja sobre Sonia Mendoza fue de 29 mil 656 votos. No los setenta mil que cierto relato terminó inflando. Casi treinta mil: margen suficiente e indiscutible, pero remontable para una oposición capaz de reagruparse.

Galindo es, además, el único que ha derrotado dos veces en la zona electoral más poblada e influyente del estado a candidatos sostenidos por las distintas versiones de la 4T potosina: en 2021 venció a Xavier Nava, postulado por Morena, y a Leonel Serrato, candidato del Verde; en 2024 superó a Sonia Mendoza, abanderada de ambos partidos.

Conviene abrir su votación. De los 195 mil 530 sufragios de la coalición, 127 mil 28 fueron asignados al PAN; 53 mil 873 al PRI, y 14 mil 629 al PRD. De cada cien votos, 65 fueron azules, 28 priistas y siete perredistas.

El PAN representó por sí solo 30.56 por ciento de toda la votación municipal. PRI y PRD aportaron 68 mil 502 sufragios: 35 por ciento de la bolsa ganadora. La victoria tuvo el rostro de Galindo, pero necesitó maquinaria de coalición. Solo, el PAN no habría superado a Sonia Mendoza.

Rumbo a 2027, el alcalde deberá acreditar cuánto de ese capital le pertenece cuando el PRI se ha reducido, el PRD perdió su registro nacional y el PAN pretende recuperar una candidatura que considera prestada. Cargará seis años de gobierno, desgaste y problemas urbanos que ya no podrá endosar a sus antecesores. A su favor, dejó atrás la convivencia pasteurizada con el gobierno estatal y comenzó a ocupar el espacio opositor frente a la Gallardía.

El PAN puso cuatro nombres en la competencia por la coordinación municipal: Verónica Rodríguez, David Azuara, Rubén Guajardo y Marcelo de los Santos Anaya. No equivale jurídicamente a la candidatura, pero dará a quien la obtenga el control territorial.

David Azuara ganó el Distrito Federal 5 con 93 mil 734 votos, cerca de 47 por ciento, y aventajó por casi 14 mil al candidato oficialista. En una elección dominada por el Verde y sus aliados, conservó para la oposición uno de los territorios decisivos de la capital.

Un distrito federal, sin embargo, no es una ciudad. Su votación se parece demasiado al bloque duro panista y estuvo favorecida por una elección presidencial en la que el antiobradorismo prendió con fuerza en la capital. Para ser competitivo necesita cruzar al Distrito 6, entrar en colonias donde su apellido pesa menos y convertir una victoria legislativa en estructura municipal. Su fortaleza depende casi por completo del blanquiazul; su riesgo es geográfico. Falta ver, además, cuánto le suma o le resta entre los panistas duros su cercanía, recién confirmada, con Gerardo Sánchez Zumaya.

Verónica Rodríguez presume un número mayor: 336 mil 27 votos al Senado. Parece una montaña hasta mirar el mapa. Los obtuvo en todo el estado, en fórmula con Jaime Chalita y bajo las siglas de PAN, PRI y PRD. Fueron 24.86 por ciento de los votos emitidos y no alcanzaron para ganar: el Verde consiguió 524 mil 950, una diferencia de 188 mil 923. Verónica llegó al Senado como primera minoría, no como vencedora.

Su cifra es grande, pero está diluida. Debe demostrar cuántos votos se produjeron en la capital, cuántos fueron panistas, cuántos priistas, cuántos respondieron a Jaime Chalita y cuántos llegaron por arrastre presidencial. Tiene dirigencia, exposición nacional y control institucional, aunque la estructura azul se ha evaporado entre pleitos internos y el regreso de los viejos grupos que empujan a Marcelito.

Verónica no ha ganado una elección abierta fuera del PAN. Y, como ya hemos señalado aquí, desaprovechó hasta ahora su escaño para ganar peso real en el tablero potosino.

Marcelo de los Santos Anaya juega con otra moneda: la memoria. Su padre perdió la gubernatura en 1997, ganó la alcaldía en 2000 y el estado en 2003. Ocurrió en otro país político: no existían la Gallardía, Morena ni la 4T; el PAN acababa de conquistar la Presidencia y encarnaba la expectativa de alternancia.

Hoy la historia es distinta. En la elección de diputaciones de 2024, el PAN estatal obtuvo 200 mil 788 votos, 16.10 por ciento de la votación válida; el Verde alcanzó 379 mil 623 y Morena, 260 mil 877.

Marcelo hijo puede heredar el apellido, no las circunstancias. Carece de una elección constitucional propia, territorio ganado, porcentaje comprobado o acta de mayoría. Tiene relaciones, reconocimiento, historia familiar y carretadas de dinero. Nada de eso garantiza votos. La nostalgia tampoco aparece en las boletas ni fabrica carisma por decreto.

Rubén Guajardo no tiene los 195 mil votos de Galindo, los 336 mil estatales de Verónica ni el apellido de Marcelo. Tiene repetición territorial. Ganó por mayoría el Distrito Local 2 en 2021 y volvió a imponerse en 2024, ya en el Distrito Local 5 después de la redistritación. Entre los cuatro aspirantes panistas es el único con dos victorias de mayoría relativa en la capital.

En 2024 obtuvo 45 mil 801 sufragios, 45.56 por ciento de los 100 mil 528 emitidos en su distrito, y aventajó por 9 mil 250 al segundo lugar. Su coalición reunió 31 mil 405 votos del PAN, 11 mil 619 del PRI y 2 mil 777 del PRD: casi 69 por ciento fue panista.

Conoce el territorio, conserva estructura y ha derrotado a Morena y al Verde. Su límite es el mismo que el de Azuara: un distrito no es el municipio. Para alcanzar la votación de Galindo tendría que multiplicar su resultado por 4.27. Ya probó que sabe ganar casillas; ahora debe sacar su maquinaria de una zona y extenderla por toda la ciudad.

La radiografía es menos complicada de lo que los interesados quieren hacer creer. Galindo conserva el mayor capital municipal, dos victorias por la alcaldía y las mejores cartas opositoras para disputar la gubernatura. Azuara acredita una victoria federal relevante, pero parcial y demasiado dependiente del voto duro. Verónica controla el partido y posee una votación estatal que aún no logra convertir en liderazgo ciudadano. Marcelo administra una herencia política sin votos propios y todavía parece más cómodo en la cúpula económica que en la calle. Rubén es el único de los cuatro que ganó dos elecciones de mayoría en territorio capitalino, pero necesita adquirir escala municipal.

La disputa no consiste en saber quién habla más fuerte dentro del PAN, sino quién puede construir una coalición cercana a 190 mil votos en una ciudad donde el panismo solo no alcanza.

La cifra que incomoda está en el acta: Galindo obtuvo 195 mil 530 votos y 68 mil 502 fueron aportados por PRI y PRD. Si el PAN decide caminar solo en 2027, su candidato deberá conservar el voto azul y conseguir casi una tercera parte de la coalición que ya no tendría.

Ahí empieza la elección. No en las reuniones, las fotografías o los apellidos, sino en los votos que faltan.

La capital puede reconocer trayectorias y recordar familias. Al final no elige recuerdos.

Cuenta boletas.