El mercado de jugadores en las Grandes Ligas está viviendo una era sin precedentes, en la que los contratos alcanzan cifras que hace apenas unas décadas parecían imposibles. Hoy, acuerdos de cientos de millones de dólares son parte del panorama normal, impulsados por el crecimiento de los ingresos por televisión, plataformas digitales y estrategias de marketing global.
Uno de los ejemplos más recientes de esta tendencia es el contrato de Shohei Ohtani con Los Angeles Dodgers, que alcanzó los 700 millones de dólares, con un promedio anual de 70 millones. A esto se sumó la llegada de Juan Soto a los Mets con un acuerdo de 765 millones de dólares, consolidando una nueva etapa en la que los salarios superan cualquier registro previo en el deporte profesional.
Antes de esta explosión, figuras como Bryce Harper ya habían marcado el camino. En 2019, el jardinero firmó con Filadelfia un contrato de 330 millones de dólares, rompiendo la barrera de los 300 millones y estableciendo un nuevo estándar para los agentes libres. Desde entonces, cada temporada baja ha mostrado cifras más altas y acuerdos más largos.
El crecimiento financiero de la MLB no se explica solo por el talento en el campo, sino por la transformación del béisbol en un negocio global. Las franquicias han visto cómo sus ingresos pasaron de alrededor de mil millones de dólares anuales en los años noventa a más de 12 mil millones en 2024, gracias a contratos con cadenas nacionales, derechos regionales y el auge del streaming.
Mucho antes de estas cifras, Fernando Valenzuela marcó un momento histórico al convertirse en el primer jugador en ganar un millón de dólares por temporada mediante arbitraje salarial en 1983. En ese entonces, el béisbol tenía una exposición mediática mucho menor, pero su caso abrió la puerta a una escalada que no ha dejado de crecer.
Durante los años noventa, Mark Langston y otros lanzadores comenzaron a romper techos salariales con contratos multianuales que superaban lo visto hasta ese momento. Más tarde, en 1999, los Dodgers cruzaron por primera vez la barrera de los 100 millones de dólares con Kevin Brown, reflejo directo del aumento en los ingresos por derechos de transmisión.
En los primeros años del nuevo milenio, los Yankees elevaron aún más el listón con Alex Rodríguez, quien firmó un contrato de 252 millones de dólares en 2001 y después renovó con cifras aún mayores, convirtiéndose en el jugador con los ingresos anuales más altos de su época.
Más recientemente, Kyle Tucker también se sumó a esta tendencia al firmar un acuerdo millonario que lo coloca entre los peloteros mejor pagados por temporada, solo por debajo de Ohtani. Todo indica que el siguiente paso será ver contratos que superen los 100 millones de dólares por año, impulsados por el crecimiento del marketing deportivo y los nuevos modelos de negocio digital.
La evolución salarial de la MLB muestra cómo el béisbol pasó de contratos históricos como el de Valenzuela a cifras que hoy parecen de otro planeta, confirmando que el deporte se ha convertido en una de las industrias más lucrativas del mundo.