La Hacienda Gogorrón, ubicada en el municipio de Villa de Reyes, fue uno de los escenarios más importantes para una de las películas más recordadas del cine de aventuras. Este sitio histórico, construido en el siglo XVIII por Pedro de Arizmendi Gogorrón, se convirtió en el escenario perfecto para recrear la California española del siglo XIX.
En este lugar se filmó La máscara del Zorro, cinta estrenada en 1998 y protagonizada por Antonio Banderas, Anthony Hopkins y Catherine Zeta-Jones. Aunque la historia no se sitúa en San Luis Potosí, el equipo de producción eligió esta hacienda potosina por su arquitectura colonial y su autenticidad, imposible de replicar en foros de grabación.
Los espacios de la hacienda fueron aprovechados al máximo. Habitaciones, escaleras, arcos del segundo piso y grandes portones de madera formaron parte de las escenas que ayudaron a construir la atmósfera visual de la película, dándole un sello distintivo.
Una de las escenas más icónicas muestra al protagonista, Alejandro Murrieta, levantando su caballo sobre dos patas en señal de triunfo, con la emblemática campana de la hacienda como fondo. Esta imagen se volvió una de las más recordadas por los fans del filme.
También destacan las secuencias grabadas en el patio principal, donde se llevó a cabo el elegante baile de máscaras. En estas escenas se utilizó iluminación natural y velas para crear una atmósfera romántica e intensa entre los personajes de Alejandro y Elena.
El diseño geométrico del patio permitió a los cineastas jugar con tomas circulares, simetría y movimientos de cámara que realzaron la coreografía del baile y la estética general de la película.
La combinación de locaciones reales, arquitectura histórica y cuidada ambientación fue clave para el impacto visual del filme. Gracias a este trabajo, La máscara del Zorro obtuvo dos nominaciones al Oscar en 1999, en las categorías de Mejor Sonido y Mejor Edición de Sonido.
San Luis Potosí, con su riqueza colonial y paisajes únicos, volvió a demostrar por qué es uno de los estados favoritos para producciones cinematográficas, dejando su huella en una película que hoy es considerada un clásico.