La reforma que puede romper la alianza

El Radar por Jesús Aguilar

Las reformas electorales no se discuten cuando todo está en calma. Se impulsan cuando alguien quiere modificar el equilibrio.

Por eso la declaración del senador del Partido Verde, Luis Armando Melgar, no es una anécdota ni un exabrupto. Es una señal. Acusar a Morena de intentar consolidar un partido único a través de la reforma electoral no es un desacuerdo técnico: es una advertencia estratégica.

Y lo relevante es el momento. Antes de que inicien las discusiones públicas. Cuando todavía se negocia en privado. Cuando lo que se disputa no son discursos, sino márgenes de poder.

Decidir: hegemonía o equilibrio

El punto visible del conflicto son los plurinominales. El Verde fijó una línea roja: no modificar el esquema. Morena no aceptó. En apariencia, es un debate sobre representación proporcional.

En realidad, es un debate sobre supervivencia política.

Los plurinominales permiten que partidos aliados mantengan presencia sin depender exclusivamente del arrastre presidencial o de mayorías territoriales absolutas. Alterar esa fórmula puede convertir a los aliados en accesorios.

La pregunta de fondo no es si se reducen o no las listas. Es si la reforma está diseñada para mejorar la representación o para disminuir la necesidad de coaliciones.

Si Morena consolida un modelo donde puede ganar sin aliados, la alianza deja de ser estratégica y se vuelve circunstancial.

Y eso cambia todo.

Decir: las tensiones internas

Sería un error reducir esta discusión a “lo que diga la Presidenta”. El Congreso tiene su propia dinámica y Morena no es un bloque monolítico. Las figuras de Adán Augusto López y Ricardo Monreal han visto ajustarse sus márgenes de influencia en el nuevo equilibrio de poder. Cuando se reacomodan fuerzas internas, también se reacomodan las negociaciones externas.

La reforma electoral no solo ordena la competencia hacia afuera. Reordena el control hacia adentro.

En ese contexto, el Verde está leyendo algo evidente: si el diseño final reduce su peso específico, su margen de negociación futura se estrecha dramáticamente.

Nadie negocia para volverse prescindible.

Consolidar en clave potosina

Y aquí es donde San Luis Potosí deja de ser espectador.

La alianza Verde-Morena en el estado siempre ha sido funcional, pero frágil. Ha dependido más de cálculos que de afinidades. El gobernador Ricardo Gallardo ha construido una estructura territorial sólida bajo la marca verde, mientras Morena conserva fuerza simbólica nacional.

Pero si la reforma reduce la utilidad estructural de los aliados, el tablero potosino se mueve de inmediato.

Morena podría intentar competir con mayor autonomía rumbo a 2027. El Verde podría blindar su maquinaria local con mayor firmeza. Y los liderazgos comenzarían a redefinir lealtades con anticipación.

En ese punto aparece un actor clave: Juan Carlos Valladares Eichelmann.

Valladares no es solo un perfil empresarial con apellido conocido. Es un puente político. Tiene interlocución con la dirigencia nacional del PVEM, relación institucional con el gobierno de Gallardo y un posicionamiento localista que conecta con sectores tradicionales de San Luis que no necesariamente se identifican con la lógica puramente morenista.

En un escenario de tensión nacional, figuras como él se convierten en agentes bisagra. No necesariamente para romper, sino para reequilibrar. Para negociar condiciones. Para garantizar que el Verde no pierda peso específico en el rediseño electoral.

Si la reforma altera la ecuación nacional, Valladares puede convertirse en una pieza central para mantener cohesionada —o redefinir— la alianza en el estado.

Porque en política local, los acuerdos no se rompen por declaraciones mediáticas. Se rompen cuando uno de los socios deja de sentirse indispensable.

La verdadera pregunta no es si habrá reforma. Es qué tipo de sistema nacerá después.

Uno donde la pluralidad siga siendo necesaria.

O uno donde la hegemonía haga prescindibles a los aliados.

San Luis, como siempre, no es periferia del debate nacional. Es laboratorio.

Y cuando los aliados comienzan a mirarse con desconfianza, no se trata de una diferencia técnica.

Se trata de quién necesita a quién para gobernar el futuro.

5-7

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