La silla eléctrica del poder municipal

El Radar por 

Jesús Aguilar X @jesusaguilarslp

Hay sillas que simbolizan poder.
Hay sillas que prometen futuro.
Y hay otras que, en realidad, funcionan como una silla eléctrica política.

La presidencia municipal de San Luis Potosí pertenece a esa categoría.

Desde fuera parece la joya del tablero político local: un presupuesto robusto, exposición mediática diaria, control administrativo de la capital del estado y la posibilidad de construir una plataforma para aspiraciones mayores.

Pero quien llega al Palacio Municipal descubre pronto que el cargo no es un premio, sino una línea de fuego permanente.

Porque el alcalde de la capital se convierte, de facto, en el primer respondiente de todos los problemas urbanos: el agua que no llega, la inseguridad que inquieta, las calles que se deterioran, los servicios públicos que siempre parecen insuficientes y la presión constante de una ciudad que crece más rápido que su planeación.

En ese contexto, la presidencia municipal no solo es poder.
Es desgaste.
Es exposición.
Y muchas veces, es el principio del fin de carreras políticas que parecían prometedoras.

Por eso resulta tan revelador observar cómo, aun sabiendo todo esto, la silla vuelve a ser disputada con intensidad por prácticamente todas las fuerzas políticas del estado.

En el PRI, el panorama parece sencillo en apariencia, pero complejo en el fondo.

El actual alcalde Enrique Galindo Ceballos, tiene el mérito de ser el único e histórico de ser reelecto y contar con el record en esa elección de votación histórica, en la misma elección (2024) en la que la 4T arrasó a la oposición a nivel nacional. Galindomantiene una posición privilegiada en el tablero municipal. Su gestión lo sostiene como figura central de la política local y, al mismo tiempo, como uno de los principales aspirantes opositores a la gubernatura.

Pero el escenario no es lineal.

La dirigencia estatal priista encabezada por Sara Rocha Medina ha mostrado señales de acercamiento con el proyecto político del gallardismo, lo que abre la puerta a un reacomodo estratégico que podría alterar los equilibrios tradicionales del tricolor en el estado.

En el PAN, el tablero se mueve con varios perfiles visibles.

Entre los nombres que se mencionan con mayor frecuencia aparecen:

• Rubén Guajardo Barrera, diputado local con presencia legislativa y aspiraciones claras.

• Verónica Rodríguez Hernández, dirigente estatal del partido, aunque con la carga negativa política de ser vista como cercana al grupo Azuara y sin liderazgo real fuera del grupúsculo panista real

Sin embargo, dentro del panismo comienza a tomar fuerza la idea de buscar perfiles externos capaces de ampliar la base política y financiera del proyecto.

En ese escenario aparecen dos nombres que empiezan a sonar con insistencia.

Por un lado, el empresario Marcelo de los Santos Anaya, hijo del exgobernador Marcelo de los Santos Fraga, quien cuenta con el respaldo del panismo de viejo cuño y de un grupo empresarial con peso real en la economía local.

Por otro, el abogado José Mario de la Garza Marroquín, cercano políticamente a Galindo y al bloque nacional que empuja al partido que quiere nacer con el lider con una trayectoria pública que lo ha colocado en el debate nacional como ex presidente de la Barra Mexicana Colegio de Abogados.

De la Garza ha encabezado además el proyecto Congreso Calificado, una plataforma ciudadana que durante años ha evaluado el desempeño del Congreso local y ha exhibido, con datos y métricas, la baja productividad y la ineficiencia de muchos diputados potosinos.

Mientras tanto, Morena mantiene un escenario abierto, con una lista amplia de aspirantes que refleja tanto el crecimiento del movimiento en el estado como las disputas internas que lo acompañan.

Entre los nombres que circulan aparecen:

• Carlos Arreola Mallol

• Cuauhtli Badillo Moreno

• Gabino Morales Mendoza

• Emilio Rosas Montiel

Y más recientemente se suma aparentemente, con corbata de AMLO incluida, como desfiante posibilidad el periodista Omar Niño, quién ha comenzado a construir una narrativa política propia con un discurso crítico hacia el gallardismo y con respaldo financiero del empresario Gerardo Sánchez Zumaya y sus propias ligas sospechosas.

https://antenasanluis.mx/el-huasteco-mucho-dinero-espectaculo-y-poca-politica/

Pero el tablero más interesante, quizá el más complejo, se encuentra dentro del Partido Verde, que hoy controla el poder estatal bajo el liderazgo del gobernador Ricardo Gallardo Cardona.

Ahí aparecen varias posibilidades.

Primero el personaje que el propio Gallardo ha puesto en la ruta de la alcaldía con calzador desde hace mucho tiempo, el popular empresario Juan Carlos Valladares Eichelmann, un perfil que combina presencia en la iniciativa privada, portadas de revistas del corazón y jet set nacional e internacional, redes sociales activas y vínculos políticos relevantes, incluyendo una especial cercanía con Manuel Velasco uno de los tomadores decisiones del clan del Niño Verde, Jorge Emilio González.

Nacho Segura, líder del partido verde y arquitecto de la estructura gallardista estatal podría competir sin duda.

Pero también existe otra posibilidad que, hasta hace poco, parecía distante del escenario municipal: Ruth González Silva.

La actual senadora y esposa del gobernador ha sido considerada durante meses la carta natural del gallardismo para la gubernatura.

Sin embargo, en las últimas horas el debate político nacional introdujo un elemento explosivo en ese cálculo.

Durante la discusión en comisiones de la reforma electoral federal, el gobernador Gallardo volvió a referirse al tema del nepotismo, concepto que ha sido central en el debate sobre la posibilidad de que su esposa sea candidata a sucederlo en el gobierno estatal.

La respuesta del mandatario no pasó desapercibida.

Gallardo optó por “recategorizar” el término, sosteniendo que el concepto se ha desvirtuado en el debate público y defendiendo entrelíneas que Ruth González es la candidata ideal para sucederlo al estar “desvirtuándose” el término nepotismo, “Cuando vas y juegas una elección constitucional y la gente decide, eso no es nepotismo”.

La declaración cayó como una pequeña bomba política.

Porque en el fondo revela dos cosas:
primero, que el gallardismo no está dispuesto a abandonar esa posibilidad,
y segundo, que si ese camino se cerrara por presión política o legal, el tablero podría reacomodarse de manera inesperada.

Entre las hipótesis que comienzan a circular aparece una particularmente interesante:
si la vía hacia la gubernatura se complica, Ruth González podría convertirse en una opción para la alcaldía capitalina.

Sería una jugada mayor.

No solo porque implicaría colocar al proyecto gallardista en el corazón político del estado, sino porque transformaría la elección municipal en un choque frontal de proyectos de poder.

Y justo cuando todo esto ocurría, otro movimiento político relevante se producía en la capital del país.

Mientras en San Lázaro se discutía la reforma electoral y el debate sobre el nepotismo subía de tono, Enrique Galindo Ceballos se encontraba en Palacio Nacional, reunido con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

En política, las imágenes importan.
Y los encuentros también.

Un alcalde opositor al gallardismo en reunión con la presidenta de la República es, cuando menos, una señal que no puede ignorarse y más cuando, el timing indicó que justo cuando la reforma electoral que pasa de manera excepcional por la grilla potosina.

No significa necesariamente una alianza.
No implica automáticamente un acuerdo político.
Pero sí confirma algo que muchos observadores ya intuían:

Las aguas políticas en San Luis Potosí se están moviendo con fuerza.

Porque la elección municipal que viene no será una elección menor.

Será, probablemente, la batalla política más intensa del próximo ciclo electoral en el estado.

Quien gane esa elección no solo administrará una ciudad compleja.

Administrará una plataforma política enorme.

Y quien pierda, probablemente verá alejarse por años cualquier posibilidad de competir por el poder estatal.

Por eso la presidencia municipal de San Luis Potosí sigue siendo, a pesar de todo, la silla más deseada del tablero político local.

Pero también la más peligrosa.

Una silla que promete poder…
pero que muchas veces termina funcionando como una silla eléctrica para quien decide sentarse en ella.

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