La violencia que no siempre se ve… pero que escurre desde el poder 

(Parte 1 de 3) 

El Radar 

Por Jesús Aguilar  

Esta semana vamos a poner sobre la mesa uno de los temas más incómodos —y más determinantes— de la vida pública en San Luis Potosí. 

No es un tema de moda. 

No es un tema accesorio. 

Es un tema de poder. 

La violencia política de género en San Luis Potosí. 

Al menos hoy hay 5 mujeres en la conversación y en potenciales candidaturas, Ruth González del Verde, las hermanas Rodríguez Velázquez por Morena, Verónica Rodríguez por el PAN. 

A partir de una conversación profunda con Nydia Morales, activista, antropóloga social e integrante del equipo que participó en la elaboración del diagnóstico sobre violencia política de género presentado por el Consejo Estatal Electoral, construimos este Radar especial en tres partes. 

Tres entregas. 

Tres miradas. 

Un mismo problema estructural. 

Lo que aquí se plantea no es opinión: 

es diagnóstico, es testimonio y es advertencia rumbo a 2027. 

Y arranquemos por lo más duro. 

Durante el proceso electoral 2024 en San Luis Potosí se documentaron 202 casos de violencia política en razón de género… pero solo 20 fueron denunciados formalmente. 

Es decir, la violencia existe… 

pero no siempre se denuncia. 

Y cuando no se denuncia, se normaliza. 

Nydia lo explica con precisión quirúrgica: 

“Nombrar la violencia política que viven las mujeres… es importante para transformar y atender esa tarea con la urgencia que requiere. La igualdad en la política no es una meta futura, es una responsabilidad presente y colectiva.” 

Ahí está el primer eje: 

esto no es un problema de mañana. 

Es un problema de hoy. 

Cuando hablamos de violencia política de género, no hablamos solo de agresiones evidentes. Hablamos —en palabras de Nydia— de: 

“esta práctica que busca limitar, anular o menoscabar los derechos político-electorales de las mujeres por el hecho de serlo.” 

Y eso ocurre incluso cuando en el papel hay paridad. 

Porque una cosa es llegar… 

y otra muy distinta es poder ejercer. 

El diagnóstico revela que la primera barrera sigue siendo la discriminación. 

No solo por género. 

También por: 

orientación sexual 

identidad indígena 

edad 

condición económica 

Nydia lo coloca así: 

“Pareciera que juventud o adultez mayor se usa para cuestionar la capacidad política de las mujeres… cuando eso no ocurre con sus homólogos hombres.” 

Y en esa frase hay una radiografía completa del problema. 

Pero hay un dato que rompe cualquier simulación de igualdad: 

60% de mujeres candidatas que no ganaron percibieron el proceso como de alto riesgo 

100% de los hombres… dijeron que no percibieron riesgo alguno 

No es percepción. 

Es experiencia. 

Y entonces la pregunta deja de ser técnica: 

¿Qué tipo de democracia tenemos si una parte juega en riesgo… y la otra ni siquiera lo percibe? 

Porque la violencia política de género no es un capítulo aislado. 

Es el sistema operando. 

Y ese sistema, hoy… 

ya fue diagnosticado. 

Compartir ésta nota:

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp