Maciel: Lobo entre los Corderos

El Radar

Por Jesus Aguilar

X @jesusaguilarslp

En un mundo donde las instituciones que prometen guía moral y espiritual a menudo se convierten en fortalezas inexpugnables de secretos oscuros, la serie documental Marcial Maciel: El Lobo de Dios, estrenada en HBO Max el 14 de agosto de 2025, emerge como un faro implacable de verdad. 

Dirigida por un equipo que combina rigor periodístico con sensibilidad humana, esta producción de tres episodios –o al menos los que han sido lanzados hasta ahora– se adentra en la figura de Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, sin caer en el sensacionalismo barato. En su lugar, ofrece un relato meticuloso, respaldado por testimonios directos y evidencia histórica, que obliga al espectador a confrontar no solo los actos individuales de un hombre, sino el ecosistema de complicidad que los permitió florecer durante décadas.

La serie destaca por su estructura narrativa impecable: una mezcla de entrevistas exclusivas con sobrevivientes, análisis de expertos y reconstrucciones dramáticas que evitan el morbo, priorizando el respeto por las víctimas. El productor Sebastián Gamba, en una entrevista reciente, enfatizó el enfoque en “el respeto por el dolor de las víctimas y la complejidad del caso”, que incluye no solo abusos sexuales, sino también manipulaciones financieras y espirituales.4550da La calidad técnica es sobresaliente, con una cinematografía que captura la dualidad entre la fachada piadosa y la realidad sórdida, recordándonos producciones como Spotlight o The Keepers, pero con un acento latinoamericano que resuena particularmente en México y España. Sin revelar detalles específicos de la trama –pues esta reseña se compromete a no spoilear–, puedo afirmar que cada episodio construye una tensión creciente, no a través de giros ficticios, sino mediante la acumulación de hechos irrefutables que dejan al público con un nudo en la garganta.

Pero lo que verdaderamente eleva esta serie por encima de un mero documental es su capacidad para generar un profundo extrañamiento –ese desconcierto visceral, esa alienación ante lo que debería ser inconcebible– frente a los encubrimientos sistemáticos que protegieron a Maciel y a otros prelados similares. ¿Cómo es posible que un hombre acusado de abusar de al menos 60 niños, de mantener una vida de lujos extravagantes y adicciones, fuera no solo tolerado, sino venerado por las más altas esferas del poder clerical? El Vaticano, bajo el papado de Juan Pablo II, jugó un rol central en este velo de impunidad: el pontífice polaco, canonizado con premura, protegió a Maciel a pesar de denuncias creíbles desde los años 50, permitiendo que la Congregación para la Doctrina de la Fe –entonces liderada por Joseph Ratzinger– archivara investigaciones.6e0110 Este encubrimiento no fue un error aislado, sino parte de un patrón que ha plagado a la Iglesia Católica, donde prelados como Theodore McCarrick o Roger Mahony han visto sus “faltas tremendas” –abusos sexuales, corrupción financiera– minimizadas o ignoradas para preservar la imagen institucional.

El extrañamiento se profundiza al considerar las alianzas políticas y empresariales que apuntalaron este imperio de sombras. En México, Maciel tejió redes con elites políticas durante el régimen priista y más allá, recibiendo donaciones millonarias de magnates que veían en los Legionarios una herramienta para influencia social y moral. Figuras como Carlos Slim o políticos conservadores han sido vinculados indirectamente a través de financiamientos a escuelas y obras de la congregación, creando un blindaje que trascendía lo eclesiástico.f2e7c8 En España y otros países, el poder empresarial católico –piénsese en Opus Dei o en fundaciones conservadoras– ha operado de manera similar, encubriendo abusos para mantener alianzas con gobiernos de derecha que priorizan la “moral tradicional” sobre la justicia. Este triángulo de poder –clerical, político y empresarial– no solo protegió a Maciel hasta su muerte en 2008, sino que perpetúa un sistema donde las víctimas son revictimizadas: un informe interno de los Legionarios admitió en 2019 abusos por parte de 33 sacerdotes, incluyendo 175 casos, y sin embargo, la congregación persiste, con reparaciones mínimas como pagos de 5,000 dólares que insultan la magnitud del daño.

Este extrañamiento no es mero asombro intelectual; es una indignación moral que clama por acción. ¿Por qué, en pleno 2025, instituciones como los Legionarios siguen operando colegios y misiones, educando a niños vulnerables, mientras sus fundadores son expuestos como depredadores? Reacciones en redes sociales lo capturan perfectamente: espectadores horrorizados comparan la serie con “una historia de HORROR”, cuestionando por qué “aún existe gente que dice con orgullo pertenecer a esa organización”.d576fe Famosos como Marco Antonio Regil han expresado su shock, llorando ante los testimonios y exigiendo justicia.acb7b5 La serie provoca un debate necesario: ¿cuántos prelados más –de Maciel a Naasón Joaquín García de La Luz del Mundo– han sido blindados por este engranaje de poder?

Marcial Maciel: El Lobo de Dios no es solo entretenimiento; es un acto de periodismo valiente que desgarra los velos del silencio. Recomiendo verla con urgencia, no por morbo, sino por el deber ético de no olvidar. En un mundo donde el poder clerical se entreteje con lo político y empresarial para encubrir lo inexcusable, esta serie nos recuerda que el verdadero pecado no es la debilidad humana, sino la complicidad institucional que la perpetúa. Que sirva como catalizador para reformas reales: disolución de congregaciones tóxicas, investigaciones independientes y, sobre todo, justicia para las víctimas. Porque, como dice un sobreviviente en la serie, hablar de Maciel sin abordar el “encubrimiento institucional” es evitar la verdad completa.

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